11 de Diciembre de 2017

Opinión

La ciudad del milagro

En 2005, tres personas morían cada día como consecuencia de las minas; había unos 500 niños mutilados que necesitaban prótesis.

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En estos tiempos es saludable saber que aún existen los milagros, la ciudad de Medellín, Colombia, es uno de ellos. En la Ciudad Milagrosa, como ahora se le conoce, quedaron bien enterrados el narcotráfico, las muertes, el terrorismo, los carros blindados, un capo que no dejó gobernar a tres presidentes de un país, en donde nadie se imaginaba que alguien les pudiera explotar una bomba en un supermercado o en un avión en pleno vuelo.

En los últimos veinte años la violencia cobró unas setenta mil vidas. En 2005, tres personas morían cada día como consecuencia de las minas; había unos 500 niños mutilados que necesitaban prótesis.  Pero esta triste historia no es lo que interesa en este momento.

Lo que sí me inquieta saber es qué hicieron para que hoy estén nominados a ser la Ciudad más Innovadora del Mundo, junto con Tel Aviv y Nueva York. Para los que se preguntan si Medellín puede ser comparada con estos gigantes, sus autoridades argumentaron al Urban Land Institute, una organización sin ánimo de lucro que busca destacar a las ciudades capitales que se han preocupado por la innovación en el sector público y privado, sus grandes avances en la reducción de las emisiones de CO2 del Metro, proyectos sociales exitosos, la reducción significativa de los homicidios y la construcción de parques biblioteca en los espacios más marginales. Sí, llevaron lo más bonito, lo mejor de lo mejor a donde está la población más vulnerable. Se han construido centros de emprendimiento, salas de computación, ludotecas, entre otras cosas. 

Este lugar del planeta es un ejemplo más de naciones que tienen que escribir las páginas más tristes de su historia, antes de reconstruirse y hacerse grandes. No se me olvida Alemania que sufrió dos guerras mundiales, o Japón en donde cayeron bombas atómicas. Además, dicen los que saben, que una ciudad innovadora debe tener recurso humano con disposición al cambio y al mejoramiento, cuidar lo que tienen, sus parques, calles y demás infraestructura. Y sobre todo, energía positiva para que entre todos se haga posible mejor calidad de vida. Eso Medellín lo tiene.

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