14 de Diciembre de 2018

Opinión

La construcción del señor Garcetti

La vida de Garcetti está tan llena de logros precoces que podría parecer una parodia de la carrera ideal.

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La elección por la alcaldía de Los Ángeles concluyó el miércoles por la madrugada con el triunfo contundente de Eric Garcetti, un político demócrata relativamente joven con un currículum notable y un futuro completamente abierto y promisorio. 

La vida de Garcetti está tan llena de logros precoces que podría parecer una parodia de la carrera ideal de quien busca la prominencia política: académico y becario Rhodes, también es un destacado pianista, compositor de musicales, fotógrafo, experto en derechos humanos y activista ambiental. Ah, y también baila (y bien) break dance. 

Durante la campaña, Garcetti se presentó, con éxito, como una especie de político “transétnico” y “transreligioso”: es judío pero tiene familia católica, es anglosajón pero se dice hispano (su familia italiana emigró a México y luego hacia Estados Unidos en tiempos de la Revolución). Habla español perfectamente. 

Es, en suma, un hombre hecho para la política moderna, en la que una figura tiene que apelar a distintos demográficos con la mayor naturalidad posible. La pregunta ahora es cómo construirá su carrera futura. 

No será fácil. Sobre todo porque enfrentará una disyuntiva muy complicada para un político demócrata que aspira a una vida mucho más allá de la alcaldía angelina: ¿qué hacer con los sindicatos? Los Ángeles enfrenta una crisis presupuestal que se agravará con el debate largamente postergado sobre la reforma de pensiones. 

A pesar de ser demócrata, Garcetti ha indicado varias veces que respalda un cambio de fondo. 

Esa posición le ganó la animadversión de la AFL-CIO, la federación de sindicatos que encabeza la (excesivamente) poderosa líder María Elena Durazo. 

La noche de la elección, Durazo estaba parada junto a Wendy Greuel, la rival de Garcetti, a la que apoyó abiertamente. 

Durazo incluso justificó que algunos sindicatos gastaran millones de dólares en la campaña de Greuel. Incentivos, pues, no le faltan a Garcetti para hacer frente al enorme e injusto poder sindical en Los Ángeles. 

La pregunta es: ¿se atreverá? Antagonizar a los sindicatos está vedado dentro del partido demócrata, y más para un político que, con toda justicia, tiene planes mayores. 
El problema es que, si Garcetti no actúa, su gobierno en Los Ángeles no solo será recordado por su ineficiencia sino, peor aún, por su tibieza. 

Y desde la cobardía es difícil construir un futuro exitoso, por más carismático y dotado que se sea. 

La duda de un político en construcción: ¿valentía o conveniencia? ¿Le suena conocido, querido lector?

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