22 de Septiembre de 2018

Opinión

La contribución de los Uc Caamal en el Juego de Pelota de Chichén Itzá

Entre tantas complicaciones finaliza la restauración integral del Gran Juego de Pelota.

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Después de varios meses que duró la restauración del Gran Juego de Pelota de Chichén Itzá, entre carreras, apuros, el cuidado de mezclas para la restauración, detalles de acabados, montaje y alineación de la culebra, como le dicen a la escultura, y preocupaciones como que los retazos no quedan bien colocados, que la despensa de los trabajadores llegó incompleta, que hubo que correr al hospital porque cayó un trabajador de la escalinata, que uno de los chalanes olvidó cubrir los pisos húmedos y la lluvia lavó los acabados y el próximo lunes comenzaremos a bruñir nuevamente los pisos, y que los colegas siguen grillando.

En fin, entre tantas complicaciones, se cumple el objetivo principal: finaliza la restauración integral del Gran Juego de Pelota. 

Entre todo el excelente equipo de trabajo que logró la hazaña destacó la labor de don Felipe Uc Cen, de 62 años, quien tuvo a su cargo preparar la corteza de árboles y otros vegetales y la mezcla fina para el acabado de los pisos.

Alonzo Bernardo Uc Caamal, de 40 años, tenía a su cargo un equipo de mezcleros, que con toda responsabilidad y con mucho cuidado hicieron las mezclas llevando la relación cronológica de los apagados de cal para que los procesos de fraguado sean más cortos.

Felipe Uc Caamal, de 27 años, se ocupaba de apoyar a nuestro cabo, mejor conocido como el Condorito (Wíllian Mena) y también se encargaba de toda la logística, porque sabía en donde estaban todas las herramientas y sugería con quien había que buscar o preguntar ciertas cosas relacionada con el sitio y con el trabajo. Es el bodeguero más organizado y buen consejero. Los tres son vecinos de Ticimul.

Después de toda la dinámica de trabajo, realmente da mucha tristeza dejar en la región a gente tan valiosa, muy trabajadora, con muchas ganas de aprender y, sobre todo, respetuosos y honestos.

Pero también subsanamos esta tristeza con todo lo que aprendimos en el proceso de trabajo y al saber que todo lo que queda es el resultado del trabajo.

Esto se debe a todo este personal que se formó en la labor, con nuevos materiales y formas de trabajo y que gracias al esfuerzo de estas tres personas y de muchos otros que formaron el equipo de trabajo, los monumentos de Chichén Itzá seguirán en pie.

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