23 de Septiembre de 2018

Opinión

La crítica: el enemigo a vencer

Acostumbrarse a la crítica nos hace más tolerantes y puedo decir que hasta más inteligentes.

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El arte necesita periodistas culturales, críticos especializados que nos hagan mirar nuestros aciertos o, mejor aún, nuestros errores. Quien vive alejado de la crítica crecerá sólo en dirección a sí mismo. Las palmaditas en la espalda, los halagos, los aplausos “amigo-familiares” no hacen crecer a nadie. Hay niveles de crítica: algunos van a ver una obra y critican el calor, la incomodidad o la pésima atención del foro. Entonces, no critican la obra, critican el foro. Otros se lanzan a criticar a la persona y no al artista.

Otros no estudian ni un poco la historia del teatro y ensalzan como original algo que se viene haciendo desde hace tiempo. Creo que la crítica es básica para aprender. Es imposible que estando inmersos en un proceso artístico podamos apreciarlo en su totalidad. Acostumbrarse a la crítica nos hace más tolerantes y puedo decir que hasta más inteligentes. Hay gente  incapaz de soportar una crítica “adversa” y se lanza a contestar con penosos argumentos algo que debería pensar. 

A lo largo de mi trabajo he experimentado duras críticas. Recuerdo que en un estreno en Buenos Aires, una periodista criticó hasta el título de mi obra. Honestamente sentí, no un balde de agua fría, sino un cubetazo de hielo. Tenía dos opciones: enojarme y contestar o entender y aprender. Elegí la segunda, porque el camino de un artista debe estar bordeado por la crítica, esto le permitirá construir un diálogo más real con la sociedad, de la que, por cierto, los críticos también son parte.

Si crecemos en un estado paternalista que sólo nos rinde halagos o nos sigue la corriente, estamos condenados a repetir nuestros errores y construir una cultura que no razona y no es capaz de dialogar sin personalizar o responder descalificando al otro. Por eso es entendible la frustración de alguien que por primera vez recibe una crítica adversa, y en vez de leer con claridad se sienta atacado sin razón.

Sobrevivir a una mala crítica es cuestión de inteligencia y visión, seguiremos haciendo teatro con crítica o sin ella, la diferencia es que con la crítica  podemos entender mejor qué estamos haciendo. Algunos artistas decidimos reseñar o criticar la obra de los colegas, más por el deseo de pensar el reflejo que ese producto tiene en nosotros y en la sociedad, que por nombrarnos críticos. Me apego a las palabras de Montesquieu: “El hombre de talento es naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor”.

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