15 de Octubre de 2018

Opinión

La cura de todos los males

La gran mayoría de los periodistas y comunicólogos de la “vieja guardia”...

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La gran mayoría de los periodistas y comunicólogos de la “vieja guardia”, e incluso entre los jóvenes, viven con prejuicios y fobias que dificultan la evolución del quehacer periodístico en redes sociales, provocando el desgaste de los medios de comunicación frente a las plataformas digitales de difusión.  

Para contrarrestar esta situación, reflexionemos soluciones y propuestas para entrar en la red social sin caer en su influjo desinformativo, y mucho menos, despreciar su potencial. El periodista está consciente de su responsabilidad y conoce o prevé las consecuencias de sus escritos. Esto choca con la difusión en medios electrónicos, pues carecen del sentido de la obligación no sólo de comprobar sus dichos, sino de aceptar los efectos de sus publicaciones, en el afán de parecer informado o de ser el primero en difundir “a” o “b” acontecimiento. 

Generador de recelos entre periodistas y usuarios de redes sociales, es la independencia del medio respecto a las noticias que puede publicar: La llamada “línea”. Esta es una barrera a la que todo periodista se enfrenta día a día, que no tienen los usuarios de redes sociales, quienes sí tienen la libertad de difundir sin consecuencias punitivas, dado que para ciertos actores sociales, la red es aún un océano informativo plagado de rumores.  

Para el periodista, desconfiar es una forma de hacer su trabajo: dudar de todo y creer en nada, hasta que por sus medios compruebe el hecho que encuentra o le quieren vender. Sin embargo, el tiempo para comprobar la información ahora es tan corto, que el profesional de periodismo queda con doble riesgo: O no hacer correctamente el coteje de datos, o quedar como un “desinteresado” ante el público digital que demanda la inmediatez de la información, tanto la general como la de interés sectario.  

Un punto a considerar es el tradicional desdén que muchos periodistas tienen por el público; no por el término general de “lector”, sino por el ente social llamado “opinión pública”. Pese a ser a quien mayormente se dirige, el viejo periodismo no le reconoce la capacidad de participar en la creación de la información , y en las redes sociales donde la retroactividad es obligatoria, la capacidad de responder al periodista crea un sentimiento de “invasión” entre muchos colegas acostumbrados a la antigua “infalibilidad” del profesional de la información. 

Quitarnos los prejuicios no es fácil, más cuando somos periodistas y desconfiamos por naturaleza. Pero el profesional de la comunicación que sea incapaz no sólo de saber usar las redes sociales, sino de sacarles provecho para su labor, está condenado al fracaso. Porque estos medios electrónicos son la tabla de salvación para los tradicionales, y esto sólo sucederá cuando el reportero, editor, corrector y el fotógrafo, les pierdan el miedo.

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