23 de Septiembre de 2018

Opinión

La delincuencia en el sur

El homicidio de un hombre de 32 años que fue secuestrado en Bacalar –donde radicaba con su familia– debe preocupar y ocupar a las corporaciones policíacas...

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El homicidio de un hombre de 32 años que fue secuestrado en Bacalar –donde radicaba con su familia– debe preocupar y ocupar a las corporaciones policíacas, que al menos en el sur no han enfrentado una ofensiva tan sanguinaria de los delincuentes, pero desde hace muchos años el sur de nuestro estado dejó de ser ese territorio idílico donde todo era armonía, si acaso interrumpida por pleitos entre vecinos.

Seguridad Pública ha sido una institución superada a placer por los malos de la película, ya que sus elementos se han concentrado en la cacería de fayuqueros, reafirmado una y otra vez que el contrabando es la máxima ocupación de la Policía Estatal Preventiva, mientras en Othón P. Blanco y Bacalar hay brotes de delincuencia que pueden subir de tono, como quedó lamentablemente demostrado con el secuestro y ejecución de José Carlos Can Puc, cuya familia pagó inútilmente 140 mil pesos a los secuestradores.

La Procuraduría de Justicia del Estado carga con todo el peso del combate a la delincuencia, ya que la delegación de la Procuraduría General de la República (PGR) permanece como membrete, evitando poner de mal humor a narcotraficantes y sicarios.

Ya es tiempo de que las corporaciones de policía estatal y municipal cierren filas con contundencia para evitar una escalada de la delincuencia que ya es común con sus variantes de pesadilla en otras zonas del país, con sus ejecuciones y secuestros.

Esta tarea debe ser reforzada por una PGR convertida en tigre de bengala en tiempos del presidente Ernesto Zedillo –como ocurrió cuando persiguieron con saña a Mario Villanueva, incluso ocupando la silla mayor–, y que ahora es una doncella temblorosa ante el crimen organizado.

Delegaciones, casi casi

Y hablando de las delegaciones federales, está muy próximo el reemplazo en las posiciones estelares, como Desarrollo Social, IMSS y Sagarpa.

Muchos andan muy inquietos, sea por su inminente desalojo o por su nombramiento que les sabrá a gloria.

El panista Antonio Rico Lomelí, delegado de la Sagarpa, es uno de los funcionarios más  destacados en su posición, aunque pesa mucho la cuestión partidista, algo comprensible del todo.

Mercedes Hernández Rojas, como delegada de la Sedesol, ha hecho un papel decoroso pero para nada encaja en las actuales condiciones políticas, tomando en cuenta que la titular del área es Rosario Robles Berlanga.

Y en cuanto a la salida del delegado del IMSS, Jorge Río Pérez, se trata de un movimiento tan esperado no sólo por políticos, sino ante todo por la sociedad.

Tan sólo queda esperar que los nuevos delegados federales estén a la altura del enorme desafío, ya que con ellos predominó la improvisación en 12 años de panismo.

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