25 de Septiembre de 2018

Opinión

La desintoxicación emocional

Una buena higiene emocional consiste en reducir la entrada de emociones dañinas y mejorar su salida en forma de gritos, llanto o ataques de risa.

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Nuestra emociones, como los demás procesos del organismo, siguen el ciclo universal de carga y descarga. Si las bloqueamos en nuestro interior sin dejar que se expresen, nuestra tensión aumenta y puede darnos desequilibrios psíquicos y químicos. Una buena higiene emocional consiste en reducir la entrada de emociones dañinas y mejorar su salida en forma de gritos, llanto o ataques de risa.

Existe una conexión entre el cuerpo físico y la mente y éstos son afectados por las emociones. Las emociones se expresan a través de nuestro cuerpo, de nuestros gestos, de nuestra mirada, de nuestras lágrimas o palabras y están conectadas con la mente a nuestros pensamientos.

Nos alimentamos gracias a los nutrientes que extraemos de los alimentos. También nos alimentamos de las ideas y de los pensamientos que entran en nuestro cerebro, pero también nos alimentamos de sentimientos, de sensaciones y de ideas, ya sean negativas o positivas.

En definitiva, de emociones que entran y dejan huella y deben de ser descargadas. Los nutrientes, una vez que cumplen su cometido deben de ser eliminados. Así también las ideas deben de comunicarse; los sentimientos compartirse, y las emociones de expresarse.

Cuerpo, mente, corazón y espíritu, forman un todo y funcionan entrelazados, de modo que nuestro estado de ánimo influye sobre nuestra dieta, el ejercicio o el reposo afectan nuestras ideas; y los sentimientos positivos o negativos influyen y determinan nuestra salud.

Ser positivo es el primer paso para reducir la entrada de tóxicos. Podemos conseguirlo con actividades sencillas: contemplar paisajes que nos trasmitan paz, calma o relajación. Leer escritos positivos; escuchar música armoniosa y bella; contemplar imágenes artísticas de armonía y serenidad; ver películas optimistas y creativas. Hay que aprender a explorar nuestras reacciones y explorar territorios desconocidos, así contrarrestaremos la carga negativa que nos invaden todos los días.

Se ha visto desde el punto de vista médico, en el plano físico, esas crisis pueden consistir en vómitos, diarreas y gripe, o cualquiera de las llamadas “enfermedades agudas”. En el plano emocional serán berrinches, gritos, llanto o ataques de risa. Y si reprimimos estas crisis, transformaremos problemas agudos en crónicos, forzado a nuestro cuerpo, a aceptar un estado permanente de desequilibrio, contención, descontento y angustia.

Escuchar a otras personas y conversar amenamente, puede ayudarnos a descargar emociones. El arte de escuchar supone aprender a estar junto a la otra persona. Es hacer que se sienta apoyada sin juzgarla, ni analizarla o criticarla. Sólo compartir y escuchar con respeto ofreciendo confianza, sin tratar de aconsejar, sin empeñamos en resolver sus problemas; abrazándola o tomándola de la mano, eso la ayuda a confiar en nosotros y expresarse libremente.

Cada cual puede buscar la mejor forma de que se adapte a sus necesidades o costumbres. En cualquier caso, lo que importa es que esos pensamientos y emociones salgan de nuestra mente liberándonos de esa intoxicación emocional. Hacerlo hoy nos lo agradecerá nuestro cuerpo, nos lo gratificará nuestra mente y nos lo premiará nuestra alma. 

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