14 de Noviembre de 2018

Opinión

La escuela del espectador

Debemos de buscar que el espectador haga teatro conmigo.

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Hace seis años, a instancias de Jorge Dubatti, Bruno Bert y Luz Emilia Aguilar Zínser crean la escuela del espectador en México. Al principio lo hacían movilizándose de teatro en teatro, pero ahora están en un espacio estable, con una asistencia promedio de treinta espectadores y Bruno, piensa abrir una segunda etapa para hacedores; estudiantes de actuación, dirección y escenografía. Busca compartir la mirada de los estudiantes, la actitud que deben tener ante el hecho escénico y las significaciones de algunos lugares comunes en relación con el fenómeno de la creación.

Después de una función de “Todavía…Siempre”, asistimos con “Teatro de Ciertos Habitantes” a una sesión con Bruno y compartí con él algunas reflexiones. Bruno: Debemos preguntarnos qué teatro es el que el público  hoy desea tener. ¿Quién tiene la palabra? El público. Unir hacedores, público y críticos como 3 instancias que en definitiva son intercomunicables para una reflexión común seguramente puede enriquecer el teatro del lugar.

La Escuela del espectador -que tiene una réplica en Acapulco y otra en un lugar desconocido- ha tenido más sentido hacia los hacedores, porque ellos discuten entre sí, el público confronta, eso ha generado sobre todo en la gente joven el interés de reflexionar.  

¿Cómo nos ve el público? ¿Cómo discuto con el público? ¿Por qué tiene que haber un solo criterio? Pluralidad de miradas: riqueza en las interpretaciones. No hay verdades unívocas ni verticales, hay posibilidades plurales de interpretación, de gusto y todas son válidas. No hay nadie que dicte la verdad, no hay: Esto es arte porque yo lo digo.

Debemos de buscar que el espectador haga teatro conmigo, y yo creo que ustedes están construyendo un teatro en donde el espectador hace teatro con ustedes, pero no como una escuela del espectador sino a través del teatro mismo, y en ese sentido me parece un nivel de compromiso creativo, no dogmático, muy interesante. No hay un espectador ideal como no hay un teatro ideal. Vivimos en tiempos de fragmentación, hay muchos espectadores ideales y muchos teatros ideales. En definitiva, el teatro que es rico es el que puede reconocer al otro, de lo contrario reconoce sólo a un tipo de espectador, a un tipo de creador a un tipo de crítico. Existen muchos tipos de creadores.

Esa pluralidad es la que marca la libertad y la madurez de poder coexistir con otras verdades, otras estéticas, otros intereses, otras formas de abordar el hecho creativo. Distintas clases sociales, géneros, implican niveles distintos de espectadores. No hay un público ideal, lo ideal sería que cada uno de nosotros fuera un público distinto.

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