21 de Septiembre de 2018

Opinión

'La esperanza, nuestra dulce amiga...'

Es el compromiso de nuestro presente, que permanece abierto hacia el futuro. Es lo que nos motiva a la acción.

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La vida es un regalo maravilloso de Dios. Debe de ser protegida y cultivada para llegar a la realización y a nuestra plenitud personal. Es lo que Dios desea para cada uno de nosotros.

En este mes, ante impuestos, dudas e incertidumbre, hay que entender que lo más peligroso es “la desesperación, esa resignación pasiva en renunciar a nuestra libertad”. Eso nos lleva a tener que acudir a la esperanza, ella nos dará seguridad. La esperanza nos va a ayudar a vivir el presente con plenitud. Es lo que nos permite permanecer con la mente abierta.

Bien canta el poeta: “La esperanza que a la vida nos lanza, a vencer los rigores del destino; la esperanza, nuestra dulce amiga, que las penas mitiga y convierte en vergel nuestro camino. Porque ya hubiera puesto fin a mi existencia con violencia, esgrimiendo en mi frente mi venganza, si en mi cielo de tul limpio y divino no alumbrara sino una pálida estrella: ¡Mi esperanza!”.

La esperanza es el compromiso de nuestro presente, que permanece abierto hacia el futuro. Es lo que nos motiva a la acción. Es una actitud ante nuestra realización futura, con una actitud optimista, que significa que siempre habrán alternativas.

Decía William James: “El gran descubrimiento de mi generación es que los seres humanos pueden cambiar su vida tan sólo cambiando la actitud de su mente”.

Por lo cual, en este año que empieza con impuestos, con crisis económica, con lesiones a nuestra economía, hay que aceptar nuestra realidad, mas nunca resignarnos. Toda aceptación no es más que el primer paso para un cambio hacia algo mejor.

Todo lo que vale la pena conlleva siempre un riesgo, ya que en esta vida no hay nada garantizado. El riesgo de la confianza se apoya en la meta que aún no hemos alcanzado.

Es también importante recordar que la esperanza nos ayuda a desechar las falsas ilusiones y a discernir entre aceptar o tristemente resignarnos.

La esperanza nos debe motivar a superarnos. Nos hace confiar en Dios, el cual es bueno, y ver en Él nuestro aliado ante la adversidad. Bien dice un viejo adagio: “El que no espera la posibilidad de cambiar la tierra, es porque no cree en el cielo”.

Alguien puede pensar que tener esperanza es utópico, pero recordemos las palabras de Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. 
Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá: ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve, ¡para caminar! ”.

Tres consejos nos pueden llenar de esperanza: “Apunta hacia la luna, y aún cuando falles aterrizarás entre las estrellas”. “Si piensas que todo el mundo está contra ti, recuerda que los aviones se elevan contra el viento”. “Si quieres ver las cosas que nunca has visto, has cosas que nunca has hecho”.m

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