14 de Diciembre de 2017

Opinión

La fiesta de la Inmaculada Concepción

Del desborde de alegría y diversión que resulta de cada aniversario de la Inmaculada, vale la pena destacar las corridas de toros o vaquerías, con más de un espontáneo saltando al ruedo para retar al astado ante la algarabía de los presentes, que luego podrán adquirir la carne fresca de los animales sacrificados.

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Antes se acostumbraba que ahí, junto al redondel, se guisara el riquísimo y regional “chocolomo”, tan efectivo para “revivir” a quienes ya con “media estocada” pretendían continuar la diversión asistiendo al baile por la noche.
 
Refiriéndose a tiempos pasados, comentó el Sr. Graciliano Sánchez que para hacer el ruedo, escenario principal de los festejos populares, cada isleño construía su propia parte hasta lograr que cerrara el elemental círculo para la lidia de los toros. La entrada era gratuita, y el patronato cubría los gastos con las ganancias que se obtenían de los bailes, mismos que al celebrarse bajo techo no corrían el riesgo de suspenderse o interrumpirse por algún aguacero de esos que acompañan a los nortes decembrinos.
 
Ayer pues, era una fiesta del pueblo, con bailes a los que las señoras llevaban a sus hijas, a cumplir el compromiso de danzar con quienes hubieran reservado de antemano cada pieza musical, previa autorización del patronato de los festejos de la Inmaculada Concepción. Las muchachas se comprometían hasta donde consideraban tendrían fuerzas o humor para bailar, y sus madres, celosas cuidadoras de sus hermosas doncellas, eran agasajadas a la media noche con chocolate con leche y panecillos que las ayudaban a soportar la desvelada…sin perder de vista a las disputadas bailadoras.
 
Por cierto, que en un ambiente lleno de platónico romanticismo; la pareja que bailaba no tenía ningún contacto realmente físico, porque un pañuelo colocado entre las manos evitaba conocer siquiera la tersura de la mano que se sujetaba. Mazurkas, chotís, valses, polkas, rumbas y danzones, se mezclaban con la brisa en la Plaza de Isla Mujeres en mágicas noches de fiestas a la Virgen; si el baile era regional, surgían las jaranas, y el ambiente se tornaba entonces más cautivante.
 
El grupo musical comenzaba a tocar sus “series” desde las 8 de la noche haciendo que en minutos la pista estuviera pletórica de parejas, y hasta de solitarios contorsionistas. Nadie era espectador; el que no bailaba aplaudía o cantaba  El único que no se divertía era el cantinero, pues tenía que multiplicarse para atender los pedidos. Esa función la desempeñó muchos años el Sr. Fructuoso Martínez Pérez. Para concluir con los bailes, agregan los entrevistados que los había a diario, y que se acudía con ropa informal, sin menoscabo de la elegancia que exhibían los que contaban con recursos.Para la jarana se acostumbraba la ropa blanca, atuendo típico de la región, el cual era requisito indispensable. No como ahora que se baila la jarana hasta en traje de baño.Se invitaba a la gente a participar todos los días, ocupándose de ello una comitiva de músicos que iba tocando de puerta en puerta. Además de los toros y el baile, la gente se divertía con la ruleta, la chicoleada, la lotería o los dados, cuyos juegos se organizaban en la Plaza Principal, donde los autorizados para hacer comercio construían puestecillos de madera con techos de lámina de zinc.
 
Menciona el señor Sánchez Azueta que durante las fiestas de la Inmaculada Concepción la plaza principal de Isla Mujeres era un lugar muy iluminado, lo cual la destacaba del resto de la población. Agrega también, que la noche del día Santo de la Virgen los hombres en su mayoría acudían con traje y corbata.
 
Es pertinente agregar que, aún cuando la fiesta tuvo su origen en los sencillos y humildes pescadores, con el paso del tiempo la controlaron los comerciantes, hasta llegar a lo que son hoy los festejos, sin afán de culpar a nadie de su decadencia.
 
Como señalé antes, el día 8 de Diciembre, además de los ritos religiosos se realiza una procesión marina a la virgen, y luego se le sube a su altar…donde permanecerá hasta el próximo año.milagros en isla mujeres
 
En cuestiones de religión, como en todas las cosas, cada cual tiene su opinión, aunque casi todos coincidimos en la existencia de un ser superior. Por eso, tenemos que ver con mucho respeto los testimonios que los creyentes nos ofrecen como muestra de su fe, de esa fe que todos necesitamos para ir por la vida.
 
Con mucho respeto entonces, rescatamos y difundimos lo relativo a la fe católica en Isla Mujeres, incluyendo los relatos de los milagros que se le atribuyen a la Virgen de la Inmaculada Concepción. El primero de ellos es el que manifestaron aquellos que encontraron las imágenes en las ya legendarias ruinas de Boca Iglesia.Contaron los señores Cristino Avila, Pablo Xooc y José Cardós, que al localizar las imágenes (recordemos que eran tres), a las que denominaron “Las Tres Hermanas”, sus vestidos se encontraban llenos de cadillos, un espino muy común en nuestras costas. Por lógica se estableció que las imágenes “salían a recorrer las playas”, porque en un lugar tan inhóspito y casi inexpugnable, era imposible y poco creíble que alguien a propósito hubiera colocado dichos espinos en la parte inferior de sus vestidos.
 
Los nativos no olvidan tampoco la ocasión en que un necesitado, del que omitimos su nombre por razones obvias, se atrevió a robarle sus prendas a la Inmaculada Concepción. Su fechoría consistió en quitarle un anillo, y al hacerlo, no sólo le quebró el respectivo dedo a la Virgen, sino toda la mano. Al notar lo ocurrido, tanto los feligreses como la madre del atrevido, le pidieron a la Virgen que castigara el hurto, y milagrosamente, el amante de lo ajeno sufrió un accidente fracturándose la misma mano...y el mismo dedo que él había dañado en la imagen. Tiempo después, falleció de manera violenta al caerle encima un “alijo” que le fracturó la columna vertebral.
 
En otra ocasión, doña Florita Sánchez Azueta, quien la hacia de cura porque no se contaba con uno en el pueblo, se enteró por boca de unos albañiles a los que daba asistencia, que gentes enemigas de la fe de Cristo planeaban destruir con explosivos la pequeña iglesia donde se albergaba a la Inmaculada Concepción.
 
Tal iglesia era una rústica casa de palma de monte con un pocito adjunto, así como un campamento, y en el interior, unas gradas que conducían al altar de la Virgen, con la imagen por supuesto en la parte superior, a la que se accedía finalmente con la ayuda de una escalerita. Gracias a la intervención de la autoridad municipal, se evitó en esa ocasión la destrucción de la humilde iglesia. 
 
Sin embargo, los enemigos de la fe decidieron bajar del altar a la virgen para destruirla, más no alcanzó la fuerza de cuatro hombres para levantarla. Asustados, los sacrílegos abandonaron sus negras intenciones, y al parecer, provocaron tal enojo en la sagrada imagen, que su cabaña se quemó días después. Añaden los entrevistados que los pobladores, al conocer el nombre del culpable de los atentados a la Virgen, estuvieron a punto de destruir por completo sus propiedades en el lugar.
 
Hay que señalar que el peso de la estatua de la virgen es manejado fácilmente por dos personas. Hasta hace unos años, Jorge “La Poza” Vázquez (+) y Domingo Martínez Sabido (+) (más conocido como don Pichi), cumplían con la función de cargar a la virgen. Nada de cuatro hombres.
 
En otra ocasión, doña Lourdes Castilla procedía a guardar las alhajas de la Virgen luego de terminadas sus festividades. Junto con doña Mary, una vecina que la ayudaba, presenciaron como de los ojos de la Virgen brotaron abundantes lágrimas, triste seguramente por el olvido en que permanecería durante un año.
 
Ellas cayeron hincadas, paralizadas y mudas por el asombro al presenciar un milagro de la Inmaculada Virgen de la Concepción, Patrona de Isla Mujeres.
 
También cuenta doña Lourdes Castilla lo que ocurrió la vez en que su madre y su hermana se encontraban enfermas. Decidieron rezar un rosario a la Virgen, y en pleno ritual, explica, el rostro de la imagen sufrió una metamorfosis, convirtiéndose en un cráneo con las cuencas de los ojos hundidas. Luego la cara de la Virgen se normalizó, solamente para adquirir las facciones de la hermana enferma, incluyendo los lentes que la paciente acostumbraba a usar. Unos días más tarde, la hermana de doña Lourdes falleció. 
 
Por su parte, doña Elidé Magaña, quien tuvo la mala fortuna de perder a dos familiares (un hermano y una hermana) en corto período de tiempo, relató que por la tristeza y la nostalgia no soportaba acudir a oficios religiosos. Sin embargo, por tratarse de la Virgen y su aniversario asistió a la ceremonia ritual de la “bajada,” presenciando un milagro cuando el rostro de la Virgen se transformó alternadamente en la imagen de sus hermanos fallecidos. Luego de esto, reanudó con mayor entusiasmo su participación en eventos de la religión católica.Tanto doña Lourdes como doña Elidé coinciden en que el semblante de la Inmaculada Concepción es cambiante, expresando alegría o tristeza. Es común, además, que cada 8 de diciembre, luego del paseo y la “subida”, sobre Isla Mujeres se desate fuerte tormenta, como si la Virgen protestara por la terminación de sus fiestas.Fervor renovado en 2012.
 
Con la participación de 20 gremios y la asistencia de miles de fieles a los eventos religiosos, hemos sido testigos este año de un renovado fervor por la Virgen de la Inmaculada Concepción, a la cual, un coro popular le cantó las tradicionales mañanitas.El día 2 ha estado Monseñor Pedro Pablo Elizondo realizando confirmaciones, y el día 8 no faltaron las comuniones de niños y jóvenes.
 
Ayer desprovista de suficientes prendas, hoy con más de 20 vestidos estrenados, la imagen ha recuperado la atención de los creyentes, algo en lo que principal mérito se debe atribuir a la labor pastoral del Presbítero Jesús Martínez Penilla, quien a pocos días de cumplir 50 años de ejercer el sacerdocio se ha aplicado como en sus años mozos.
 
Los vestidos son tantos que un ferviente católico, el presidente Municipal Hugo Sánchez Montalvo, ha inaugurado una exposición con las prendas, que ya suman 35, elaboradas y donadas por mujeres isleñas devotas de la virgen. Son esos ropajes hermosas obras de arte bordadas a mano y adornadas con suma delicadeza y buen gusto.Y que decir de las corridas de toros, actividades culturales, cabalgatas, juegos infantiles, procesiones diarias que incluyeron una innovación al instituirse el paseo de la virgen por las colonias de la isla. Entre los gremios ha destacado el de los niños, por su inocencia, por su candor y por su amor a nuestras creencias.
 
Con la procesión marina del día 8, y la subida de la virgen a su altar concluyeron las fiestas de este año…y se comenzaron a preparar las del siguiente. A manera de despedida, y con respeto, insistiré en la necesidad de que sean rescatadas y difundidas tradiciones como la que nos ocupa.
 
Pocos lugares cuentan con el acervo histórico-cultural que tiene Isla Mujeres. Debemos entonces ir al encuentro de todo lo que nos pueda servir de nuestro pasado para reafirmar nuestra identidad cultural, e incluso, promocionarnos como un lugar auténtico, distinto a los demás, digno de ser visitado.
 
Toca a todos aportar muchos granos de arena para hacer que lo nuestro, lo típico, lo auténtico, lo realmente isleño, vuelva vivir el auge que conoció ayer, cuando las fiestas de la Inmaculada Concepción no eran sólo fiestas populares, sino eventos donde el misticismo religioso ocupaba el primer plano, y en los que todos aportaban, porque todos participaban...porque todos demostraban así un genuino amor por el lugar donde vivían. Concluyo agradeciendo al Sr, Jesús Molina Meléndez y a la Sra. Lety Bermúdez Maldonado, el envío de las foto con la que ilustro este artículo.

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