18 de Noviembre de 2018

Opinión

La gesta musical de Sixto Rodríguez

A principios de los años 70 ganó cierta fama en Detroit un cantante que recordaba al mejor Bob Dylan.

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Dicen que los grandes documentales superan a la ficción. Si eso es cierto, la película que cuenta la historia de Sixto Rodríguez —que con toda seguridad ganará el Oscar de la categoría— tiene que ser uno de los trabajos de documentalismo más notables de los últimos tiempos.

Dígame si no.

A principios de los años 70 ganó cierta fama en Detroit un cantante que recordaba al mejor Bob Dylan. Criado en los barrios más bravos de una de las ciudades más bravas de Estados Unidos, el hombre escribía y cantaba poesía sobre la vida en la pobreza urbana. Un par de productores decidieron apostar por el peculiar artista. Hicieron dos discos. A pesar de que las canciones eran bellísimas y sentidas, y la voz melódica y original, el experimento fue un fracaso. El artista, un hombre sencillo, encogió los hombros y volvió a su vida como empleado en la construcción. Después, algo extraordinario pasó.

Alguien llevó uno de los pocos acetatos que se habían vendido en Estados Unidos hasta… Sudáfrica. Y ahí, en la Sudáfrica del dolor, la música del cantante de Detroit fue un éxito. En realidad, fue mucho más que un éxito: se volvió el himno de la lucha contra la discriminación. El cantante vendió, se calcula, más de medio millón de discos en Sudáfrica.

Pero como aquel país era prácticamente una sociedad cerrada en todos sentidos, el hombre nunca supo de su inusitada fama. Y nadie en Sudáfrica supo nada de él.

Historias de su muerte abundaban: se había volado los sesos en pleno concierto, había sufrido una sobredosis. Años después, un grupo de documentalistas sudafricanos decidió encontrar la verdad sobre su héroe musical. El resultado es una historia tan improbable como conmovedora.

Porque Sixto Rodríguez, el artista que inspiró a toda una generación a luchar contra el racismo, siempre estuvo vivo en Detroit, como una especie de santo ermitaño, en la más absoluta y honesta modestia.

Hijo de inmigrantes mexicanos, Rodríguez debió tener un destino parecido al de otros grandes músicos de su generación. Hay quien dice que si no se hubiera apellidado Rodríguez ni tuviera el rostro hispano que lo adorna, habría sido una súper estrella. El documental nos permite intuir que a Rodríguez no le importan ese tipo de conquistas.

Al final, además, la vida lo ha premiado de la mejor manera: si pensamos en la música como catalizador de cambios sociales, Rodríguez es, sin duda, el cantante de origen hispano más importante del siglo XX.

Apenas pueda, lector, busque Searching for Sugar Man.

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