23 de Octubre de 2018

Opinión

La Guerra del 14

Ojalá que los paralelismos entre la Guerra de 1914 y los conflictos mundiales del 2014 no pasen del mero juego retórico de quienes desearíamos que el hombre no tropezara dos veces con idéntica piedra.

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Cuando George Santayana planteó que quienes “no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo” tenía la esperanza de que la cultura sirviera al progreso. Olvidaba el antiguo proverbio de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.

Es decir, que el homo llamado sapiens, contra lo que debiera ser “La razón del sentido común” que buscaba Santayana, parece condenado a repetir errores, aunque conozca la historia. Sobre todo si son sangrientos y mutilan a muchas generaciones posteriores como la Guerra del 14.

Aquella conflagración que comenzó el 28 de junio de 1914 tuvo como detonante a un muy joven nacionalista que asesinó al archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, hermano de nuestro conocido Maximiliano. Con un simple balazo, en Sarajevo, Gavrilo Princip derrumbó el imperio austro-húngaro.

El malestar ya se venía sintiendo y tanto nacionalistas como anarquistas de acción violenta venían echando leña a un fuego que ardería hasta explotar en la primera guerra de horrores tecnológicos que conoció el orbe. 

En realidad, fanáticos como Princip fueron los militantes de Al-Qaeda que derrumbaron las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2011. Ése sería, con rigor, el paralelo histórico del Sarajevo de 1914.

Fue cuando Bush llamó a la “cruzada” como Bin Laden había llamado a la “yihad”. La guerra santa comenzaba desde uno y otro bando. 

Sin embargo, en este 2014, se exacerban en el mundo los nacionalismos y los anarquismos violentos. Las voces de un “izquierdismo” como el que Lenin calificara de “enfermedad infantil del comunismo” unidas a las de nacionalismos y fanatismos religiosos sirven como pretexto para el fortalecimiento de los autoritarismos demagógicos tanto de derechas como de izquierdas. Como motivo para su propaganda o como pretexto para sus formas de represión. Pero siempre en desprestigio de la democracia.

Por ejemplo, en México, aparentemente lejano a esos hechos, según Latinobarómetro, citado por Francisco Valdés Ugarte en “El Universal”, la democracia era apoyada por el 63% en 2002, y en el 2011 sólo por el 37%: “Una caída de 26 puntos”.

Ojalá que los paralelismos entre la Guerra del 14 y los conflictos mundiales del 2014 no pasen del mero juego retórico de quienes desearíamos que el hombre no tropezara dos veces con idéntica piedra.

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