20 de Noviembre de 2018

Opinión

La hora del planeta

Los creadores de esta iniciativa contemplaron para este año que el gesto de sensibilización ecológica abarcara a más de 550 ciudades.

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Anoche, millones de personas en México y otros países se sumaron a una iniciativa social en pro del cuidado del medio ambiente, movimiento denominado “La hora del planeta”. 

Es la mayor campaña global de concienciación sobre los efectos del cambio climático, y miles de personas apagan durante una hora sus luces y con el apoyo del gobierno dejan a obscuras monumentos emblemáticos de su ciudad o país. 

Este apagón simbólico, que busca alentar a adoptar medidas contra el calentamiento del planeta, ha tenido eco en nuestro país. La hora del planeta, mediante una acción multitudinaria y de carácter global, pretende mover las conciencias y alcanzar un ahorro de energía.

En la realización de la edición 2014 de esta manifestación se logró dejar a obscuras edificios emblemáticos muy importantes,  como la Torre Eiffel de París, el Empire State de Nueva York, el Partenón de Atenas, la Gran Muralla  China, el Coliseo de Roma y el Kremlin de Moscú. 

Mérida se sumó a la hora del planeta apagando durante sesenta minutos el Monumento a la Patria y varios edificios y casas, sobre todo del Centro Histórico; incluso hace algunos años se llevó a cabo el apagón del edificio del Castillo en la zona arqueológica de Chichén Itzá. 

Los creadores de esta iniciativa, la asociación ambientalista internacional WWF, contemplaron para este año que el gesto de sensibilización ecológica abarcara a más de 550 ciudades en los países más importantes del mundo y romper así el record de ciudades participantes, que fue alcanzado el año pasado cuando se apagaron más de 450 localidades.

A pesar de que sitios simbólicos contribuyen desde hace varios años a esta iniciativa, lo que más me impresiona es saber que no sólo yo apagué mis luces, sino que también las apagaron en países donde es muy urgente despertar una conciencia medioambiental, como es el caso de China, donde, a pesar de ser el país con mayor daño de contaminación, le ha costado años introducir esta campaña. 

La hora del planeta, que se celebra cada año el último sábado del mes de marzo, iniciativa que nació en 2007 como un apagón puntual de sesenta minutos en Sidney, Australia, y simbolizaba la lucha individual contra el cambio climático, se ha convertido en una valiosa iniciativa que ha impulsado compromisos ambientales muy importantes en todo el mundo.

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