23 de Septiembre de 2018

Opinión

La importancia de las palabras

También hay palabras y frases que generan una mala percepción y son mal recibidas, como podría ser el hablar de aumentar impuestos

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Todas las palabras tienen un significado dado, sin embargo, como personas con pasiones y afectos, tendemos a ponerles una carga emocional, ya sea  cómo se encuentre nuestro humor en ese momento o de acuerdo con la primera impresión que tenemos de alguien. Si un político nos parece intransigente, lo que le escuchemos tendrá el mismo adjetivo. Por el contrario, si nos cae bien trataremos de justificar todo lo que nos diga.

También hay palabras y frases que generan una mala percepción y son mal recibidas, como podría ser el hablar de aumentar impuestos. Aunque no sepamos bien de qué trata, estamos en contra. Por el contrario, el hablar de becas para jóvenes siempre nos remite a una aceptación generalizada.

En Yucatán tenemos un caso especial e interesante. Hace cinco años, la promesa de campaña de hacer un tren bala generó burlas entre la población y resultó en uno de los compromisos que más se le reprocharon a la ex gobernadora Ivonne Ortega. Cuando a la gente se le preguntaba de alguna acción u obra que hubiera hecho la entonces mandataria, ellos decían que había prometido un tren bala y que nunca lo cumplió.

A meses de haber concluido su periodo, y con nuevo Gobierno Federal,  el proyecto tan cuestionado y burlado se está haciendo realidad. La opinión pública lo está tomando en serio y lo empiezan a ver  como un proyecto interesante que detonará a la península. ¿Qué cambió? El nombre. Ya nadie habla del tren bala, ahora es el Tren Transpeninsular.  Es básicamente el mismo proyecto, con los mismos estudios de viabilidad, pero ahora suena más profesional, ¿no cree?

Gobiernos y políticos, en su afán de parecer cercanos a la ciudadanía, pretenden generar empatía con frases coloquiales, pero que pueden generar la percepción incorrecta. No deben olvidar que son autoridad y que la gente espera que sean formales y profesionales. Eso incluye la buena ortografía. Da pena leer los tuits de los políticos, sin acentos o con palabras mal escritas. Un político puede tener una buena imagen, que se cae en el momento en el que vemos sus errores al escribir. Y lo mismo pasa con las dependencias, me ha tocado ver posters institucionales con horrores ortográficos, de esos que ya mejor ni se molesta uno en corregir. Un político culto es un político aceptado.  Por piedad, ¡escriban bien!

No puedo terminar esta columna sin comentar el convenio del Congreso del Estado con la Universidad George Washington. El diputado Luis Hevia tendrá una buena aceptación entre quienes cubren la fuente. Es la universidad con más prestigio en programas de política en América. Sus cursos en español son de los mejores, con ponentes reconocidos. Aún dudo de los beneficios que esto traerá a la ciudadanía, supongo que los costos los absorberá la Legislatura, pero al acercar estos programas a los periodistas que quizá no tendrían oportunidad de acceder a ellos por su alto costo les darán herramientas para entender el funcionamiento del Congreso y habrá información mejor documentada. Enhorabuena a quienes tendrán el privilegio de asistir a estos cursos.

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