24 de Septiembre de 2018

Opinión

La importancia de llamarse Juan Diego

A Juan Diego ya lo andan buscando más que a los Caballeros Templarios, solo porque durante el operativo en que le arrebató su mercancía a la criatura.

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Pueden decir lo que quieran, pero no te puedes llamar Juan Diego, ser inspector en Tabasco y tratar a un niño por vender dulces en la vía pública como nunca lo haría con el hijo de Granier, aunque sea mucho más dañino.

Se ve mal y puedes ser linchado en las redes como el paparazzo que quiso extorsionar a Pau Rubio con una foto de La Chica Dorada haciendo una lluvia dorada en el mar.

Será que los mexicanos somos cursis por ver tantas telenovelas y programas de Laura Bozzo y Sabadazo, pero a pesar de tener cotidianamente el sórdido espectáculo de niños sin amor en estado de sobreexplotación y abandono, cuando un caso nos pega nos pega. Es como si a este Juan Diego López Díaz se le hubiera ocurrido madrear a Juliancito Bravo en aquella película donde encarnaba a un muchachito pobre que lo único que quería era su trajecito blanco de primera comunión.

Como sea, a este Juan Diego ya lo andan buscando más que a los Caballeros Templarios en ese Michoacán idílico del que tanto hablan. Y solo porque durante el operativo en que le arrebató su mercancía a la criatura, al inspector solo le faltó rendirle un homenaje a Buñuel en Los Olvidados y como don Carmelo, el sórdido ciego interpretado por Miguel Inclán, al gritarle aquello de: “¡Ojalá que todos ustedes se murieran antes de nacer!”.

Ya sabe, don Miguel ya había demostrado su capacidad para el tremendismo interpretando al marihuano que atormenta a la abuelita de Chachita en Nosotros los pobres, pero fue superado con creces por don Juan Diego.

Es difícil superar en materia de impopularidad a Chepo de la Torre en la selección y a García Aspe en los Pumas, que van de fracaso en fracaso.

Si bien la historia de Manuelito, el niño tzotzil que en realidad se llama Feliciano Díaz, según ha rectificado su madre, y originario de San Juan Chamula, es muy buñueliana. Pero el toque surrealista que se ha generado no se le hubiera ocurrido ni al gran maestro aragonés que sabía de perros andaluces: el ofrecimiento de becas de estudios por parte del gobierno del Pingüino, la petición de la progenitora de que mejor le mande la ayuda a Chiapas y la segura aparición de Chayito Robles ofreciendo apoyo de la Cruzada contra el Hambre.

Lo único que queda claro es que nadie le explicó a Juan Diego que se vio peor que los priistas defendiendo su deforma energética al ritmo de Itati Cantoral espetando “¡Maldita lisiada, marginal, pepenadora!”. 

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