25 de Septiembre de 2018

Opinión

La intolerancia a la diversidad

El tema es demasiado amplio para tratar de solucionarlo con unas cuantas líneas...

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Hace apenas unos días, los afamados diseñadores Dolce y Gabbana manifestaron públicamente que a pesar de ser ellos homosexuales no se encuentran a favor de que parejas de homosexuales puedan adoptar hijos para formar una familia. 

Declararon: “Nosotros, pareja gay, decimos ‘no’ a las adopciones gay. Basta de hijos de la química y úteros en alquiler. Los hijos deben tener un padre y una madre”, y continuaron su declaración diciendo: “No es cuestión de religión o estado social, no hay vuelta de hoja: tú naces y hay un padre y una madre. O al menos debería ser así”. Finalmente concluyeron: “La vida tiene un recorrido natural, hay cosas que no se deben modificar. Una de ellas es la familia”.

Independientemente de lo acertado o no de sus declaraciones, lo que llama la atención es la reacción de estrellas del espectáculo y el deporte. Elton John inició un boicot contra los diseñadores al que de inmediato se adhirieron Ricky Martín, Courtney Love y el productor Ryan Murphy, quien aseguró que no solamente no usaría más la marca Dolce & Gabbana, sino que se vigilaría que nadie de de sus personajes la usara; Martín dijo que “sus voces son demasiado poderosas para difundir ese odio”; incluso la ex tenista Martina Navratilova se unió a la condena, y uno de los blogueros más influyentes de Hollywood, Perez Hilton, se declaró enfurecido, siendo que debían fomentar la aceptación.

El tema es demasiado amplio para tratar de solucionarlo con unas cuantas líneas, pero no deja de llamar la atención que sectores de la sociedad que han sufrido en propia carne el escarnio, la violencia de todo tipo y la marginación, como son los homosexuales, adopten ahora la posición de no tolerar una opinión distinta a la suya.

En apariencia, un buen número, porque estoy seguro que no todos, han decidido crear su propia inquisición para impedir que existan ideas y puntos de vista distintos a los suyos, parece ser que algunos sectores de la comunidad homosexual que tanto ha promovido la aceptación de la diversidad  no pueden aceptar que Dolce y Gabbana decidan ser distintos en opinión a ellos; tristemente los señalados y estigmatizados de ayer ahora señalan y estigmatizan a quien se atreve a pensar distinto de ellos. 

Y es que este mundo funciona así, en donde la intolerancia de todo tipo es el pan nuestro de cada día; esta situación no sólo se da entre celebridades de distinto tipo, sino que se prende a todos los rincones de nuestra vida diaria. Se nos olvida que el intolerante lo es por temor, teme en verdad que pueda haber vida más allá de sus estándares, teme a que el mundo que conoce y tal como lo conoce se vea amenazado por un mundo nuevo, incomprensible y por lo tanto intolerable para él. 

Todo ser humano tiene una filosofía y una visión del mundo, pero no es necesario imponerlo con violencia o condenando al otro.

Convencer con la vida es el camino más adecuado, así lo hicieron Jesucristo, Gandhi, Martin Luther King y la madre Teresa de Calcuta y los resultados que todos ellos tuvieron fueron mucho mejores que el tratar de convencer con amenazas, boicots o condenas; convencer con la vida implica un mayor esfuerzo, es convencer por atracción y no por imposición, es saber comprender al que se tiene enfrente,  finalmente es entender que no siempre todos pensarán como creemos que deben hacerlo y por ello en ocasiones llegara el momento en el que cada uno habrá de ser fiel a sí mismo dejando que los demás piensen lo que quieran.

No toleramos lo que no conocemos, pwero seguramente muchos de nuestros rechazos se acabarían si pudiéramos comprender con mayor claridad la realidad del ser humano que tenemos enfrente; en muchas ocasiones, como me ha ocurrido recientemente, rechazamos algo sin comprender el origen y las circunstancias de lo rechazado. Debemos tener en cuenta que los fanáticos se apoyan casi siempre en algo verdadero, para luego deformarlo de tal manera que pierde todo viso de verdad. 

El filósofo Santayana describía al fanatismo como el acto de redoblar el esfuerzo cuando ya se ha olvidado el fin; evitemos por nuestro bien y el de todos caer en esto.           
Nuestro empeño en mantener la verdad a toda costa puede acabar oscureciéndola, la diversidad del ser humano es tal que el atrincherarnos en la intolerancia, sea del signo que sea, acaba siendo un acto de suicidio social, es el no entender que la grandeza del género humano se ha forjado sobre la gran diversidad que lo compone.

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