20 de Septiembre de 2018

Opinión

La jornada electoral (3)

Los electores hemos desarrollado un fino olfato que percibe de inmediato el aroma vulgar del ladrón...

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A pocos días de empezar oficialmente las campañas electorales y que los candidatos confronten el éxito de sus estrategias, podemos ver ya, en toda la ciudad, sus propuestas en grandes espectaculares. Después de revisar los lemas alusivos y  fotografías exhibidas parece que hay gran confusión en las ideas que exponen los partidos a la ciudadanía. 

Quiero enfatizar a estas instancias que los habitantes de Yucatán no requerimos “personas de palabra” que muestren una cuidadosa dentadura, alba y perfectamente orientada con ortodoncia. Mucho menos orejas impecables u “ojos negociados” color verde que crean confusión, porque parece que están chop. Por ningún motivo los meridanos requerimos el auxilio de ninguna  voz que hable por nuestra cuenta. 

Es malévolo malgastar el dinero –tomado de nuestros bolsillos- para salir con proclamas que parecen poner en inferioridad al electorado, utilizando ese tonito paternalista  y falaz que apuesta a sacar raja a costa del voto de la incauta comunidad.

Cito a Nicolás Madáhuar Bohem, presidente del Centro Empresarial de Mérida, durante la toma de compromiso del nuevo Consejo: “Hace mucho que los yucatecos dejamos de ser analfabetas democráticos. Sabemos distinguir el ruido de la substancia. Dejemos la simulación a un lado”.

Parafraseando el mensaje es fundamental que entiendan, señores candidatos: antes que nada son ciudadanos. No valen absolutamente colores o logotipos si ustedes no reconocen la premisa fundamental de formar parte de una colectividad sujeta a otras instancias de gobierno. Por tal razón, en lugar de ofrecernos su boca, orejas, ojos -en pocas palabras “todo su ser”-, comprometan honradez, transparencia y rendimiento de cuentas. El decidido compromiso de comportarse como lo que son: personas comunes y silvestres. 

Es penoso observar el vértigo de muchos postulantes al encaramarse en un ladrillo. Los cargos públicos no hacen mejor a ningún individuo, pero sí descomponen aún más lo que de entraña viene corrupto. Urgimos a los contendientes actuales a someterse sin tardanza al autoexamen. Si encuentran podredumbre en su interior  renuncien a sus aspiraciones. 

Los electores hemos desarrollado un fino olfato que percibe de inmediato el aroma vulgar del ladrón, del ventajista acomodaparientes, el mimo político sin rostro. No se equivoquen.

¡Vaya biem!

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