25 de Septiembre de 2018

Opinión

La Ley de Herodes

Si Luis Estrada hubiera conocido la administración de Carlos Mario Villanueva Tenorio, tendría para hacer La Ley de Herodes II y III sin tener que realizar adaptación alguna...

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Si Luis Estrada hubiera conocido la administración de Carlos Mario Villanueva Tenorio, tendría para hacer La Ley de Herodes II y III sin tener que realizar adaptación alguna, sólo bastaría con narrar las vivencias que día con día se suscitan en este ayuntamiento capitalino, que en nada envidia a los habitantes del polvoriento y miserable pueblo de San Pedro de los Saguaros.

Del último año del siglo pasado a la fecha, el país ha sido escenario y testigo de las más de las veces mudo, de una docena de casos que bien pudieran servir de guión para la versión remasterizada de La Ley de Herodes, ya que se trata de situaciones que exponen corrupción e ineptitud exacerbadas, episodios políticos, policiacos o del quehacer de la administración pública.

Y es que cuando recuerdo las escenas de este ya clásico del cine mexicano, me pregunto: ¿se habrá imaginado Jorge Ibargüengoitia, autor del libro La Ley de Herodes y otros cuentos en el que se basó la película, escenarios de la década de los cuarentas, 70 años después? Es acaso en nuevo Nostradamus, o un nuevo vidente? Es increíble que a más de 70 años de esos escenarios las similitudes sean las mismas.

Y se lo voy a dejar a su imaginación para que usted ponga a los personajes que se parecen en cada fragmento: La primera escena de aquella película de Luis Estrada es memorable: los habitantes del polvoriento y miserable pueblo de San Pedro de los Saguaros corretean a su alcalde, pues el bribón pretendía huir con todo el dinero de las arcas y sus gobernados, hartos de tanta tranza, deciden hacer un poco de justicia.

Aquí, no se hizo justicia, pero el alcalde casi se lleva hasta la silla. En la película La Ley de Herodes, el alcalde hace un trato millonario para electrificar el pueblo y llevarles la modernidad.

Aquí, un alcalde cambió las lámparas leds, dejó una deuda asombrosa. Cuanta similitud con la cinta, ¿no? En la película se aprecia los sobornos que dejaban los giros negros al alcalde Vargas (Damián Alcázar) por dejarlos trabajar libremente. Con Villanueva Tenorio, los giros negros hacen lo mismo.

En la película, el alcalde Vargas enloqueció hasta ser copia al carbón del anterior edil, tal vez un poco peor. En la vida real no dista mucho de esta escena.

En la película, el alcalde Vargas busca la complicidad del clero para encumbrarse en el poder. En la vida real CMVT buscó a un importante clérigo de apellido extranjero con quien fanfarroneó ser su amigo.

La Ley de Herodes refiere corrupción, pero también una forma salpicada de torpeza de enfrentar las situaciones más diversas.

En la película La Ley de Héroes, los deslices y fiesta del alcalde Vargas, daban al pueblo de que hablar...

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