17 de Octubre de 2018

Opinión

La llegada del G10 tricolor

Está claro que el G10 del PRI arriba el 30 de septiembre al poder municipal gracias a un atinado efecto de unidad...

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Está claro que el G10 del PRI arriba el 30 de septiembre al poder municipal gracias a un atinado efecto de unidad que apareciera antes y durante el proceso electoral para convertirse en triunfo con la estrategia de su guía espiritual, pero también cuenta que los partidos opositores, PAN y PRD, tomaron el camino opuesto, culpa de sus líderes que les hubieron forzado a sus adláteres a transitar por la vía equivocada, con lo que hubieron fracasado estruendosamente.

En cuanto al nuevo modelo del PRI con la virtual permanencia en el control estatal del dominio total del partido en los bailíos del Estado, ahora sin supresión de las libertades como ocurrió en el pasado en los municipios en manos de la oposición, aun cuando se les tendía la mano con una ayudadita que recibía de programas sociales con rumbo marcado en todo la entidad por el timonel del Estado. 

Ahora que el 30 de este mes, fecha que obedece a juro de los 10 presidentes municipales y sus concejales, ya debidamente instalados en el poder municipal, pendientes de extender los compromisos de campaña a realidades.

Quizás el más claro desarrollo de este nuevo ciclo de administración por arrancar, será el trabajo conjunto en el desarrollo del Estado con la tesis en mente en el transitar político, social y cultural de Quintana Roo, sea en una sola bandera, como símbolo de fortaleza, plural, sin distingo de colores, para que sus gobernantes la sepan llevar por caminos de justicia social con progreso y seguridad.

Esta petición es cada vez más frecuente en las variadas regiones del Estado. Sin duda, con el arribo de los nuevos cuerpos edilicios en los 10 municipios.

En los caminos del sur, OPB con el detonante turístico Grand Costa Maya y con la capital política del Estado, Chetumal; El Pueblo Mágico de Bacalar con su singular Laguna de los 7 colores; FCP, corazón de la zona maya; José Ma. Morelos, el Granero del Estado, Lázaro Cárdenas, con su isla Holbox, peculiar ínsula que bordean las aguas del Mar Caribe y del Golfo de México.

Y también será un motivo esperanzador para los municipios del norte del Estado, Isla Mujeres, como la boyante ínsula caribeña, Benito Juárez, con el resplandeciente y sinigual Cancún; Cozumel, emblemática isla de ruta de cruceros del Mar Caribe; Solidaridad, con su pujante línea costera caribeña, Riviera Maya y, Tulum, con la emblemática herencia de la cultura maya en su ruta por la costa del Caribe Mexicano.   

Siempre surge una sensación esperanzadora al pertenecer en algún punto de la entidad, porque se comprende perfectamente la necesidad que se tiene de encontrar, por un lado, espacios para crecer, formar una familia, tener una cierta estabilidad, progresar. Por otro, se siente cierta la virtud de pertenencia ante el hecho de ver crecer el progreso del Estado con todas las posibilidades que se encuentren en todos las regiones de Quintana Roo.

El sentir de casi todo y todos está totalmente identificado con las manifestaciones más propias de la cultura maya y peninsular, con sus tradiciones usos y costumbres, aunque el fenómeno de modernidad se evidencia con el avance del progreso con nuevas edificaciones de infraestructura moderna y, en el hecho, de que la conexión afectiva con el resto del país, que también es con otras culturas que se allegan al terruño quintanarroense.

Así como el corazón quintanarroense se mantiene conectado con lo más entrañable de las costumbres nuestras, la capacidad de trabajo y esfuerzo van por el mismo camino. Aunque hay decepciones profundas, que en muchos casos se convierte en desesperanza frente a las adversidades que en algunos municipios se presentan.

Es en este punto donde se encuentra el meollo de la situación en algunas de las municipalidades. No se trata de que algunos sean aquí y otros de allá. Se trata de que por malas prácticas, descuido, negligencia o por simple superficialidad, lamentablemente, fallaron.

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