22 de Octubre de 2018

Opinión

La misoginia de...

El misógino sigue atado a varios amores imposibles y llevando doble vida.

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Muy ad hoc al reciente “Día Internacional de la Mujer” y la puesta en marcha de la instancia que se encargará de velar por su atención y asesoría integral, traigo a colación un pasaje vivido hace algunos meses, durante una reunión entre destacados médicos de nuestra sociedad.

Les diré  que, estando departiendo en amena charla entre parejas de amigos, salió a relucir un peculiar pasaje de nuestro turbulento y a veces enfermizo mundo, dentro del cual su actor principal, como los hay en todas partes, se desempeña en un área administrativa de connotada dependencia federal.

Este personaje -que por cierto goza del cobijo de sus superiores- tiene como atributos personales un sui géneris comportamiento laboral, matizado  por la aversión, rechazo y antipatía contra una compañera de trabajo que, por mucho, lo supera en conocimientos y preparación. Para aquellos que no están familiarizados con los trastornos psicológicos y del comportamiento humano, a este problema se le conoce como misoginia. 

¿Pero qué hace que un individuo actúe  de esta manera? Desde el punto de vista psicológico, se ha tratado de justificar como la necesidad de vengarse por algo que le hicieron en el pasado (quizás en su infancia). Según los expertos, existe un fuerte sentimiento de inferioridad que desea compensar a toda costa para sentirse bien, y lo más peligroso es que cualquiera de estos individuos no descansará hasta ver humillada a la mujer, cual única respuesta emocional para protegerse de lo que teme.

El misógino (el que odia a las mujeres),  como cualquier otro ser humano, anhela ser amado, pero a su vez teme ser abandonado o destruido emocionalmente por una mujer, por lo que sigue atado a varios amores imposibles y llevando doble vida. 

La mujer para el misógino es la figura que puede satisfacer sus “carencias emocionales” y al mismo tiempo reducirlo a nada. La humillación hacia sus compañeras, el sabotaje laboral, su fanfarroneo y cobarde verborrea lo delatarán como tal. 

Estamos en pleno siglo XXI, y siguen habiendo muchos sujetos así en todas partes. La solución a este problema que enrarece los entornos (familiar, profesional, social, etc.) sin duda existe, pero para ello se requiere, entre muchos requisitos: la  denuncia civil, identificar a las autoridades permisivas, establecer acciones ejemplares y dejar atrás el temor a represalias por apoyar a quienes son víctimas de la misoginia. ¡Ya nos cansamos de los misóginos!

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