17 de Enero de 2018

Opinión

La mujer y el agua

Nos basta abrir la llave para acceder al agua, mientras en las comunidades rurales, a las mujeres les representa hasta cuatro horas de camino.

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La disponibilidad de agua en cantidad y calidad adecuadas es fundamental para satisfacer las necesidades alimenticias y sanitarias de la población mundial, y para producir los bienes materiales que mejoran la calidad de vida y preservan la integridad de los ecosistemas de los cuales depende nuestra existencia. Son las mujeres de las comunidades rurales de México las responsables del acopio, suministro y administración del agua, y es gracias a ellas que el aprovechamiento del recurso está bien manejado.

El pasado viernes 8 de marzo se conmemoró el “Día Internacional de la Mujer” y en esta ocasión el tema central fue precisamente “La Mujer y el Agua” y no es sólo coincidencia, es el reconocimiento a esa capacidad innata que el género femenino ha más que demostrado con hechos reales y resultados sorprendentes.

Conmemorar es hacer las cosas conservando la memoria. No hace falta mencionar ejemplos, éstos están en todas partes y  a la vista de todos y son fácilmente identificables. La relación de la mujer con el agua la posiciona en todos los aspectos de la vida, en la utilización del recurso hídrico para la elaboración de los alimentos, acción principal de su naturaleza humana, y así en todos los aspectos de la vida. La actualidad tecnológica nos aleja de la realidad, pues nos atrincheramos en las soluciones tecnológicas y desatendemos las soluciones tradicionales (muy arraigadas todavía por fortuna en nuestras comunidades indígenas).

Reconocer y recuperar las bondades de las actividades tradicionales no lo debemos ver como un regreso al pasado sino como el enfrentar el presente y asegurar el futuro basados en la esencia propia de nuestras raíces. La fortaleza de las mujeres se mantiene hoy en todos los quehaceres, en lo laboral, en lo personal, pero sobre todo en el reconocimiento de éstas como las abastecedoras y gestoras del agua. No se trata de que la mujer en busca de una igualdad participe en la masculinidad, se trata de que asuma su feminidad y con el ajuste de las dos perspectivas de la realidad, juntos, construyamos el camino hacia una equidad de género.

Quienes pertenecemos a la mancha urbana cada día nos alejamos más de la naturaleza, nos basta abrir la llave para acceder al agua, mientras en las comunidades rurales, a las mujeres les representa hasta cuatro horas de camino para acceder al recurso, y es que ellas aceptan su condición natural de administración del preciado líquido.

En nuestro país, la disponibilidad natural de agua por habitante (todos los usos) ha ido disminuyendo, ya que en el año 1955 ésta era de 11 mil 500 metros cúbicos por año; en 2004 se estimó en 4 mil 500 metros cúbicos y para el año 2025 se pronostica en 3 mil 822 metros cúbicos. Esta disminución la origina el crecimiento demográfico y su mala distribución, la falta de capacidad de la infraestructura hidráulica superficial para captar los escurrimientos (presas de almacenamiento), el abatimiento y el agotamiento del agua subterránea provocados por su sobrexplotación y el deterioro de la calidad del agua debido a su contaminación.

Estas circunstancias hacen que el acceso al agua potable continúe siendo una necesidad total o parcialmente insatisfecha en muchos países. En los últimos 12 años, la cobertura de agua potable y saneamiento aumentaron considerablemente en México; sin embargo, en las zonas rurales y el sur del país todavía son bajos.

En pleno siglo XXI, más de mil millones de personas padecen enfermedades adquiridas por agua contaminada, y de éstas mueren diez millones. A pesar de los logros alcanzados en tan poco tiempo, éstos no son apreciados por la gran mayoría de la población que irresponsablemente desperdicia el bien más valioso con que contamos. Vale la pena aclarar que el término mayoría involucra tanto a los usuarios como a los prestadores de los servicios, debido a que ambos son corresponsables del mal uso que se hace del recurso agua. A nivel nacional, se pierde por fugas de agua potable entre 30 y 50 por ciento del líquido, provocando que 55 por ciento de los usuarios que tienen agua entubada reciban el servicio inciertamente.

A la mujer le toca administrar el agua, poca o mucha pero ella sabe cómo hacerlo, aún en los tiempos actuales en que se fomenta un patriarcado sociológico y genérico, pero la mujer conoce bien su papel y su relación tan íntima con el agua. La visualización de esta situación por parte de la mujer no es mejor o peor que la del hombre, es simplemente la otra forma de ver las cosas; si la visión del hombre no ha dado los resultados esperados, debemos entonces adoptar esa otra forma de ver las cosas. “Tanto el hombre como la mujer están dotados de las mismas alas, pero será cuando éstas se desarrollen juntas cuando la humanidad va a poder llegar a volar”.

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