24 de Septiembre de 2018

Opinión

La noche inmortalizada

Inmortalicé esa noche con más de un beso escurridizo que escapó de mis labios hasta su cuello.

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-Tendré cuidado de no morderte -mentí, con la mirada más inocente que pude darle, al tiempo que le pedía, le rogaba por cinco minutos más, permaneciendo inmóvil, a la expectativa.

Con aire insolente me miró y sonrió con esa sonrisa tan secreta que sólo me conoce a mí mientras aventaba los minutos al aire con ganas de verme recogerlos, a besos, para ir, con cada uno, redescubriendo el amor que huía de mí para irse con él.

Sus palabras se fueron enredando en mi cabello, adornando mi cuello, aprisionando mis muñecas, aferrándose a mis piernas, inmovilizándome. Era casi prisionera, por sus palabras, por su mirada, por lo áspero de su quijada.

Inmortalicé esa noche con más de un beso escurridizo que escapó de mis labios hasta su cuello, bajando hasta su pecho y que siguieron cayendo, huidizos, al compás de la noche, al compás de las palabras tan erradas, tan certeras, tan absurdas, tan enamoradas que salían de mis labios, con cada beso haciendo juego con mi alma.

Le tomé el rostro con ambas manos, sin aliento y redescubriendo el amor frente a mí, le miré expectante y sonreí, mientras me devolvía los besos que le regalaba. Tendré cuidado de no morderte -mintió.

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