19 de Noviembre de 2018

Opinión

La oferta y la demanda caso Blue Parrot

En la última década, la sociedad mexicana ha enfrentado una escalada de violencia agravada...

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En la última década, la sociedad mexicana ha enfrentado una escalada de violencia agravada especialmente por los enfrentamientos entre cárteles rivales y las fuerzas de seguridad del país. Entre los años 2008 y 2011, la fronteriza Ciudad Juárez en Chihuahua llegó a ser considerada  la ciudad más violenta del mundo. Actualmente los cárteles de la droga se han convertido en una especie de cáncer el cual se ha extendido a entidades en las cuales el delito más fuerte que registraban era un asalto en la vía pública. 

Hoy Quintana Roo vuelve a estar en los ojos del mundo debido al certero y triste hecho que se registró en el antro conocido como el Blue Parrot donde se celebraba un evento de talla internacional llamado BPM. Muchos quieren atribuir los hechos a la falta de seguridad del evento además de que allí estaba circulando gran cantidad de droga (algo que no es novedad en ese tipo de fiestas); la realidad es que la falta de una buena estrategia preventiva de seguridad en general ha permitido que los carteles de la droga transiten como por Juan por su casa en todo el territorio. 

A mediados del 2016, reportes de instancias federales de seguridad señalaban que el 60% de los estados del país cuenta con la presencia de al menos un cártel del narcotráfico. Datos oficiales confirman a nueve grupos del crimen organizado y 37 células delictivas aliadas. Hubo una declaración del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, donde aseguraba que todos los carteles habían sido golpeados estructuralmente por el actual gobierno, gracias a la detención de la mayoría de sus líderes. Sin embargo, esa situación no se está reflejando cuando menos en el estado, ya que desde inicios de año se han registrado una serie d ejecuciones, atentados y levantones relacionados a la venta y trasiego de droga, sobre todo en la parte norte de la entidad. 

Los datos oficiales de la PGR registran presencia del crimen organizado en 19 entidades. De ellas, hay nueve que tienen en su territorio por lo menos dos cárteles del narcotráfico antagónicos. Haciendo alusión al eslogan de una compañía de telefonía celular hoy en día todo México es territorio del narco causada por la evidente incapacidad o por oculta complicidad, pero es una realidad que no puede negarse y que la misma PGR confirma. No hay un solo estado donde no se encuentre asentada una organización criminal donde se libran luchas encarnizadas por el control de dichas plazas entre dos o más cárteles de la droga tal y como está sucediendo en los municipios del norte del estado. 

Lo penoso, triste y decepcionante es que ya no hay respeto hacia la población común y corriente, aquella que trabaja honradamente y que no tienen nada que ver con el tema de las drogas. Recuerdo que hace muchos años los pocos carteles que existían tenían sus propias leyes y una de ellas, además de ser inquebrantable, era la de nunca poner en riesgo la vida del ciudadano común, situación que hoy en día ya no se respeta. 

La lucha por el poder del tráfico es enorme a grado tal que su dominio es tal que corrompen las instituciones que supuestamente las combaten. El cártel más violento del país sería el del Golfo, en función de que aquella región donde se encuentra instalado de manera solitaria –según la PGR– es Quintana Roo y su índice de paz es de 2.9 puntos. En el contexto de la lucha antidroga pareciera que el gobierno mexicano ha fallado con su estrategia de capturar a los líderes de los cárteles, ya que al final los hechos están demostrando que al contrario de debilitarse, estos se consolidan. 

Según recientes informes de agencias internacionales antidroga, el narco mexicano se encuentra en expansión global. Desde que comenzó la llamada guerra contra las drogas en el sexenio del presidente Felipe Calderón, los resultados derivados de la captura de los capos son limitados, ya que los liderazgos al interior de los cárteles se renuevan con rapidez, algunas veces mediante luchas violentas con graves consecuencias para la sociedad que, cada vez más, vive en un constante ambiente de inseguridad tal y como ha sucedido últimamente en los municipios de Benito Juárez y Solidaridad. 

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