17 de Diciembre de 2017

Opinión

La piel y los daños del frío

Algunos padecimientos cutáneos que cursan con resequedad como la dermatitis atópica y la psoriasis, entre otros, incrementan sus molestias.

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La temperatura ambiental es un factor que influye en las características  de la piel, por eso, en la temporada de frío, la piel tiende a resecarse y descamarse debido a la deshidratación de las capas superficiales de la epidermis por la reducción de la sudoración; en lugares donde la temperatura es muy baja estas alteraciones se incrementan, y cuando no se tienen los cuidados adecuados pueden aparecer datos de congelamiento, enrojecimiento, ampollas y úlceras. Algunos padecimientos cutáneos que cursan con resequedad como la dermatitis atópica y la psoriasis, entre otros, incrementan  sus molestias. Pero hay un padecimiento que, más que una enfermedad, es un tipo de piel, que se desencadena por los cambios de temperatura  principalmente por el frío, aunque también puede ser por el calor y el estrés: la dermatitis seborreica, que se inicia con una sensación de resequedad  y que a las pocas horas se transforma en placas circulares de enrojecimiento y descamación que se ubican en la región central de la cara alrededor de la nariz, en las mejillas,  entre la cejas, alrededor de la boca, adelante y atrás de las orejas, ocasionalmente el pecho y la espalda; la piel cabelluda  puede acompañarla o ser la única zona afectada, lo que se identifica como “caspa” y que puede ser leve, moderada o severa y donde la mercadotecnia televisiva en su segmento “información que vende” desinforma asegurando que la causa es el “hongo que produce la caspa” cuando debiera ser el hongo que vive en la caspa, ya que éste forma parte de la flora normal de la piel y la caspa no se cura si se elimina al hongo, pues la inflamación y la resequedad de la dermatitis seborreica proveen las condiciones para su desarrollo y que eventualmente pueda complicarla con su incremento; por eso se les llama hongos oportunistas, aunque no se dediquen a la política. En la piel cabelluda  las placas pueden ser gruesas y extensas y deben ser diferenciadas de la psoriasis de la piel cabelluda, pues su evolución y tratamiento son diferentes.

El tratamiento de la dermatitis Seborreica debe ser antecedido de una amplia y clara explicación de lo que es el padecimiento, ya que la recurrencia es la regla cuando nuevamente están presentes los factores desencadenantes: frío, calor o estrés; por lo que el tratamiento debe iniciarse a las primeras molestias con medicamentos específicos, para evitar la aparición de las lesiones rojas y descamativas; hay que evitar el uso frecuente de jabones, ya que pueden resecar aún más la piel. Una crema hidratante durante el día  y un protector solar son recomendables. Hay que evitar el uso de productos que contengan cortisona, pues aquél  es un padecimiento recurrente y crónico,  y ésta no debe utilizarse por mucho tiempo, pues sus riesgos son mucho mayores que sus beneficios.

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