20 de Octubre de 2018

Opinión

La presidenta

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La toma de posesión de la nueva presidenta estaba programada para las 10 de la mañana, sin embargo, siguiendo las indicaciones de su dirigenta, las militantas de su equipo se apersonaron al local desde las 8, a fin de ocupar buenos lugares.

Se sabía que sería un gran evento. El momento más esperado era la presentación de una famosa cantanta, interpretanta de muy populares melodías del momento.

Circulaban, sin embargo, versiones inquietantas, según las cuales la presencia de la principal dirigenta disidenta en el evento era inminenta.

La presidenta salienta había hablado del asunto con la entranta y acordaron algunas medidas pertinentas, pero no consideraron la situación como preocupanta. Más tarde se sabría que no llegaría, lo que valió para que sus enemigas rumoraran sobre su afición a las bebidas embriagantas, bien que otras señalaron que eso era una cuestión irrelevanta.

La que sí estuvo presenta fue la representanta de la dirección nacional, una importanta e influyenta litiganta, que con los años había logrado gran prestigio entre las integrantas de la organización. Era una dama muy eleganta, comercianta en sus años mozos, y activa actualmente en distintas esferas de la vida pública.

La potenta voz de la conductora anunció el inicio de tan relevanta ceremonia. Concienta de la impaciencia de las asistentas, dio un ritmo ágil al evento. De forma muy convenienta, bailes y canciones se alternaron de manera constanta con los discursos, logrando una atmósfera relajanta, diferenta de las usuales y muy aburridas asambleas ordinarias.

Finalmente, subió a la palestra la nueva presidenta. Se veía triunfanta, radianta y hasta imponenta. La campaña había sido dura, pero quedaban ya atrás las insinuaciones insultantas, las acusaciones de ignoranta y otras calumnias enervantas. Como mujer prudenta y toleranta, ahora sólo miraba al futuro.

Tras rendir la protesta conducenta, agradeció su asistencia a las presentas y dio por concluidas las importantas actividades del día.

***
¿A quién se le ocurrió que los masculinos terminan en o y los femeninos en a? Haber logrado hacer oficiala la palabra presidenta es un auténtico autogolo del feminismo lexicológico, pues a cambio de enfatizar la condicióna de mujeras de quienes ejercen en esas posicionas han dado masculinidada a los sustantivos comunos, los más equitativos en cuanto a género en el idiomo españolo.

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