21 de Septiembre de 2018

Opinión

La primera guerra de un Nobel

Muchos están pidiendo que le quiten el Nobel a Barak Obama; si se lo retiran o no, es intrascendente mientras los tambores de guerra estén sonando.

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Desilusión para los que pensamos que Barak Obama sería diferente, y no por ser negro, sino por su actuar. En el 2008 no apoyó la guerra de Irak y en 2009, ya como presidente, le dieron el Premio Nobel de la Paz. 

Por aquellos años, Washington estaba tapizado con su imagen. Recuerdo haber visto cualquier cantidad y variedad de promocionales como tazas, lápices, pósters, llaveros, calcomanías, playeras, monos de peluche, bolsas, mochilas, hasta siluetas de los Obama en tamaño real. Era la figura más popular del planeta. 

Los tiempos cambian. Si bien heredó los conflictos de Afganistán e Irak, Obama no ha cumplido los compromisos que lo llevaron a la Casa Blanca. Prometió que cerraría Guantánamo, que hoy por hoy sigue siendo un lugar de tortura y castigo. Se comprometió a retirar las tropas estadounidenses de Irak y acabar con la política unilateral de su antecesor George Bush.

Los Estados Unidos son un país que vive con miedo, y aunque aparentemente tengan las medidas de seguridad más estrictas del mundo, viven en medio de la psicosis; espían a sus ciudadanos, en los aeropuertos te quitan hasta los zapatos después de que has pasado por varios filtros de rayos X. El temor a un ataque terrorista como el de septiembre 11 está presente. Y cómo no va a ser así, si a lo largo de la historia se han metido con todos,  nunca le han pedido permiso a nadie para invadir a otros países. Cuentan con bases militares y soldados en 46 países, son el primer país fabricante y exportador de armas del mundo. Y son la única nación que ha usado una bomba atómica.

Nos hicieron creer que Saddam Hussein tenía armas químicas e invadieron Irak. Nunca se encontró nada. Hoy nuevamente están usando el mismo argumento para atacar Siria. Hablan de un ataque “limitado y proporcional”. Me queda la duda sobre cómo es una guerra limitada y proporcional, si ayer la cifra de refugiados en los países vecinos y no más seguros que Siria pasó los 2 millones de personas. Son 2 millones de historias de las cuales la mitad son de menores de edad horrorizados, además de los más de 4 millones de desplazados internos que están a la espera de ayuda humanitaria.

Muchos están pidiendo que le quiten el Nobel a Barak Obama; si se lo retiran o no, es intrascendente mientras los tambores de guerra estén sonando. Y uno acá, pensando en tonterías.

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