09 de Diciembre de 2018

Opinión

La propia realidad

Para encontrarnos hay que “hacer tierra”. Preguntémonos ¿quién soy?, ¿qué quiero?

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Por más que nos subamos sobre zancos, también sobre zancos caminamos con nuestras piernas”.-  Montaigne (1533-1592, filósofo y escritor francés.

Hacer conciencia de la propia realidad permite relacionarnos con nosotros mismos y gozar una relación real con los demás y con Dios. A veces buscamos respuestas en el lugar equivocado, como el borrachito que buscaba las llaves de su casa en la calle pues allá había luz, cuando sabía que las había extraviado adentro de su casa, pero, como estaba obscura, mejor las buscaba afuera.

Pensamos que si llegamos más y más alto tendremos ante los demás y el mundo más importancia y conseguiremos lo que más anhelamos. Esto es un engaño. Cuando estamos en las “alturas”, el aire se enrarece cada vez más, las relaciones son más superficiales, el sentimiento de que” me falta todavía algo” es cada vez más intenso y doloroso.

El bienestar interior no está arriba sino abajo. Hay que bajar del trono. No es fácil; sin embargo, es necesario.

Para encontrarnos hay que “hacer tierra”. Preguntémonos ¿quién soy?, ¿qué quiero?, ¿qué necesidades y anhelos, tengo?, ¿cómo son mis lados de luz y de sombra? “Hacer tierra” es contactar con nuestras fuerzas vitales, encontrar y sentir nuestras raíces dirigiéndolas hacia donde reciban alimento.

“Hacer tierra” es concientizarnos de que todo pasa, todo lo de este mundo termina y que yo también pasaré; en fin, es darnos cuenta de nuestra humanidad y fragilidad. Al caer del pedestal donde creemos estar, despertaremos.

Ya no somos “lo que creíamos ser, somos lo que realmente somos: seres humanos absolutamente humanos, imperfectos y falibles.

Es imprescindible reconocer nuestro “YO REAL”. La tierra puede ser inhóspita, dura, pero es auténtica, es fundamento para construir “nuestro hogar”, buenas relaciones de cercanía y contacto así como de diversión, asombro y vida plena. Experimentaremos lo que es una auténtica y profunda relación con las personas percibiendo su cercanía y su amor.

Lo mejor es que permitiremos que el otro entre a nuestro interior, nos abriremos y viviremos la experiencia de amar y ser amados como somos.  

 ¡Ánimo! Hay que aprender a vivir.

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