18 de Julio de 2018

Opinión

La red sin futuro

En la ciencia ficción, uno de las especies más temidas es el Borg, formada por drones con cuerpo biológico...

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En la ciencia ficción, uno de las especies más temidas es el Borg, formada por drones con cuerpo biológico, que al tiempo que son varios, son uno, pues forman una mente colectiva en el que la individualidad se suprime por el objetivo común: asimilar otras especies en busca de la perfección, aún si no quieren. 

"Estos" antagonistas de Star Trek son ejemplo del proceder común en las redes sociales, con la diferencia de que, en esta realidad, los usuarios no tienen claro cuál es el meta a seguir, sólo les interesa absorber “cibernautas”. 

Del internet, Twitter y Facebook, se ha repetido hasta el cansancio que son el futuro de la comunicación y formas de relación humana, por tanto, mucho de sus usuarios creen realmente que forman parte de una vanguardia cultural, al grado de considerarse ajenos a la moral pública, jueces de mundo y dueños de la verdad, dentro de la colectividad que dan las redes sociales. Bajo estos preceptos, actúan movidos por la necesidad de enrolar gente a su causa de temporada, inundando la red con ideales grandilocuentes, pero sin fondo, y sobre todo, sin futuro, o de menos, seguimiento de sus consecuencias. 

Es común, y a veces parece que ya es norma, que la red social sea depositaria de  innumerables quejas sobre cualquier cosa que el usuario considera "incorrecto", naciéndole así la necesidad de publicarlo o compartirlo para sentirse "en onda", por tener algo que ofrecer a la comunidad "quejense". Con sustento o no, su misión es indignarse y hacerlo saber, como si a todos los demás les importara tanto como a él, esperando que su publicación sea asimilada por la red de jueces y dueños de la verdad, aplaudida y compartida por el resto de los usuarios, ansiosos todos por obtener el mismo reconocimiento que nuestro incauto "cibernauta" ha logrado. 

Así, enfocados en pertenecer a la colectividad del momento, ninguno se toma los 140 caracteres de un "tweet" para pensar qué sucederá después de esgrimir su caso, creando con esto uno de los principales problemas entre la realidad y las redes sociales: la concreción de los hechos, pues una cosa es que la asimilación sea un éxito dentro entre los usuarios, y otra, que sirva para algo, o tenga un futuro en la vida real. 

Casi cada mes, en la web surgen protestas para tumbar al presidente, reclamar por un perro maltratado, un policía corrupto o un servicio mal prestado, pero ninguna de estas situaciones se presenta con una propuesta de cambio. Todas obtienen miles de "likes", se hacen tendencia, generan ruido y seguidores a quienes las esgrimen o comparten, pero el futuro de estos reclamos, ni siquiera es incierto: es seguro que no lo tienen, simplemente porque en las redes sociales, el porvenir no existe en la mente de sus usuarios.

Par estos, lo importante sólo es el momento para no quedar fuera de la ola de reclamos, y así, dejarse asimilar por la colectividad. Lo que suceda después no es de la incumbencia del "cibernauta" promedio, pues considera que él es el porvenir, él está libre de pecado porque encontró en quejarse, la absolución de sus pecados, y por ende, la redención y el derecho a juzgar el pasado y presente bajo su óptica grupal, sin más objetivo que reclutar más gente, "likes" y "retweets" a la causa de temporada. 

Por las consecuencias de sus actos no se inmuta, pues a fin de cuentas, eso lo dictará el próximo "hashtag" del cual, si quiere, ni siquiera hará caso.

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