12 de Diciembre de 2017

Opinión

La reparación, restauración e innovación de Peña Nieto

El nuevo Presidente deberá llegar, de plano y de entrada, a reparar la situación catastrófica en la que 12 años de gobiernos panistas han dejado al país.

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Son casi dos semanas, trece días exactamente, las que faltan, las que restan y separan a Enrique Peña Nieto de la Presidencia de la República. Trecho breve en que se nota cada vez más cómo el poder y las decisiones se trasladan a sus manos.

Pero será a partir del 1 de diciembre cuando todo sea su responsabilidad y comience el trecho sexenal que marcará un lapso en la historia de México y los mexicanos, mismo que lo marcará y definirá como mandatario.

Si se pudiera definir en líneas simples la tarea que Peña Nieto tiene que enfrentar, ésta podría resumirse en tres simples conceptos: reparación, restauración e innovación.

El nuevo Presidente deberá llegar, de plano y de entrada, a reparar la situación catastrófica en la que 12 años de gobiernos panistas han dejado al país, por ejemplo, materias críticas como seguridad, crecimiento y relaciones internacionales.

En materia de seguridad, Vicente Fox desmanteló las áreas de inteligencia y Felipe Calderón erró al enfrentar al crimen con una estrategia de guerra, con lo que abrió la puerta a la ola de violencia que padece México; en los últimos dos sexenios, los gobiernos del PAN dilapidaron las positivas cuentas en materia de crecimiento que dejó Ernesto Zedillo, y en materia diplomática aislaron a México gracias el entreguismo vergonzoso de Jorge Castañeda a los Estados Unidos.

Peña deberá reparar este y otros daños, pero al mismo tiempo se verá obligado a restaurar algunos de los usos y costumbres del viejo poder presidencial para mantener el control, la cohesión y la unidad de sus gobernadores y los grupos de influencia del priismo.

Pero si en verdad desea trascender como presidente, está obligado a innovar. La responsabilidad de Peña Nieto para superar los problemas del país pasa obligatoriamente por el cambio cultural, no solo generacional, en la forma de ejercer el gobierno en México y en las relaciones entre los poderes políticos, económicos y sociales, a través de una urgente, necesaria y profunda renovación institucional.

El reto es gigantesco. Ojalá que Enrique Peña Nieto, la clase política toda, los empresarios y la sociedad renuncien al sabotaje o al fracaso y estén a la altura del reto. El futuro es el que está en juego.

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