23 de Septiembre de 2018

Opinión

La restauración del Palacio del Gobernador, 1946

Las imágenes de antes y después de las intervenciones son impresionantes por el cambio significativo que presenta el edificio, sobre todo en la entrada central.

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Entre abril y mayo de 1946, la restauración en el Palacio del Gobernador se hace más compleja, debido a que se trabaja en la parte oriente del edificio que incluye los muros, las entradas, detalles de los interiores así como la compleja fachada integrada por una diversidad de elementos decorativos.

A esto le sumamos la escalinata principal que para aquellos momentos estaba recién explorada. Con dos frentes de trabajo se reporta que la restauración de la escalinata lleva un avance del 90%, y que en el friso del edificio central del Palacio se reintegraron la columna de mascarones en el extremo norte y tres mascarones en línea oblicua que arrancan al pie de la columna vertical de mascarones de este mismo costado.

De esta manera, gradualmente se van reintegrando los elementos decorativos de la fachada. Se menciona que al caer varias piedras de la decoración se fragmentaron en dos o más partes y antes de reponerlas se pegaron con cemento y con pasadores de hierro. También se dice que  se dio especial cuidado a asegurar el núcleo sólido del edificio con grandes piedras para afianzar la decoración que se va reintegrando.

En la gran serpiente que circunda al edificio en la parte superior, varios de los elementos decorativos estaban fragmentados, por lo que hubo la necesidad de resolver este complejo problema colocando quince grapas equidistantes de hierro de dos metros de largo por ¾ de pulgada de espesor que se revistieron de concreto  con un extremo empotrado a la  fachada y el otro extremo anclado en el núcleo sólido del edificio.

Las grapas de concreto miden 30 por 25  y con ello se garantiza la estabilidad de la obra. En el transcurso de ese mes quedó totalmente restaurada la fachada del Palacio del Gobernador, incluyendo el zócalo, los muros, la moldura media, los elementos decorativos del friso y la cornisa. Al final de la labor se integra un cuadro con las alturas de cada elemento arquitectónico y se indica que en su totalidad el edificio mide en promedio 8.15 m de altura.  

Las imágenes de antes y después de las intervenciones son impresionantes por el cambio significativo que presenta el edificio, sobre todo la entrada central que había perdido los elementos arquitectónicos y en la que arriba milagrosamente quedaba suspendido el personaje central sentado en una herradura. El sector norte de la entrada cambió al reintegrarse la decoración del friso.

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