24 de Septiembre de 2018

Opinión

La restauración del Palacio del Gobernador, en 1945

Con mucho cuidado se exploró el área para evitar que se deterioren los elementos decorativos de la fachada.

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Transcurrieron ocho años para que nuevamente se retomaran los trabajos de restauración en el Palacio del Gobernador de Uxmal. La razón fundamental se debió a la visita que hizo el presidente de la República, general Lázaro Cárdenas, en 1937. En ese entonces, por mandato presidencial, los trabajos se enfocaron principalmente en el Cuadrángulo de las Monjas y el Templo del Adivino.

Durante  los meses de febrero y marzo de 1945, el Arq. José Erosa Peniche encabezó  las tareas de restauración; esta nueva fase del trabajo se centró en el costado este del Palacio del Gobernador, particularmente liberando la primera y la segunda terrazas que dan sustento al edificio principal. 

Con mucho cuidado se exploró el área para evitar que se deterioren los elementos decorativos de la fachada. Después de esta labor se restauraron los basamentos para recuperar su estado original.

Durante la exploración dirigida por Erosa Peniche y después de liberar el derrumbe acumulado en los muros, le llamó la atención que el muro central estaba ligeramente inclinado. En ese momento, Erosa pensó que la inclinación se produjo por la acción de derrumbe del edificio, pero también menciona que la inclinación la aplicaron los mayas cuando realizaron la edificación. Hoy sabemos que la inclinación en las fachadas de los edificios permite generar una línea de goteo para evitar que el agua de lluvia se escurra dentro de los edificios. 

Vale decir que unas maravillosas fotografías ilustran el informe que da cuenta de las condiciones en las que se encontraba el Palacio, eso explica la difícil tarea de restaurar los accesos del inmueble. A detalle, Erosa Peniche señala que la entrada central del Palacio del Gobernador no tenía las jambas, es decir, las piedras de recubrimiento que regularmente van colocadas a los extremos de las entradas. En principio esto representó un problema para definir el ancho de la entrada. Por lo tanto, realizó una exploración cuidadosa en el arranque de las jambas para encontrar las huellas.

La búsqueda fue exitosa, ya que recuperó el dato de las huellas, determinando que el ancho del claro es de 2.02 m. Este dato se registró por medio de fotografías para sustentar la restauración. Este proceso da cuenta del detalle y la calidad profesional de las intervenciones de restauración de los especialistas que nos antecedieron.

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