22 de Septiembre de 2018

Opinión

La voz del alma, en un mundo humano

La noche taciturna y somnolienta había detenido su capa maravillosa de luz...

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La noche taciturna y somnolienta había detenido su capa maravillosa de luz, para encontrar en aquel pordiosero el retorno a los recuerdos. Sus cansados pasos y las corvas desviadas, sometían al cuerpo. El tiempo vivido no era la acumulación de los años. Lo que mas le dolía era el martilleo de aquella frase que inundaba su cabeza: ¿por qué te has alejado con la premura, callada, del silencio? Era él, ese parque poblado de alamedas y la carga emocional de sus pensamientos, los únicos testigos del soliloquio nocturno.

La marginalidad de una luna observante, en las alturas como moneda de cambio, no dejaba pasar la tempestad, que empecinada insistía en mojar los recuerdos simbólicos de aquel hombre. Las palomas dormían cautelosas y las hojas de los árboles eran docenas de  manos, llamándolo a cobijo. El sueño se había convertido en el misterio insondeable, mientras la amargura se había secado, a pesar del llanto, con el temple misterioso de su vida de paria vagabundo.

Aquella noche, sabía de antemano, que estallaban con ahincó los espasmos de un pasado renegado por el destino, y sin permitir discutir, consigo mismo, porque no estaba todo en su lugar. ¿Cuáles eran las fichas del ajedrez de su infortunio, que faltaban en el tablero, de su propia existencia? 

Ese día por la mañana, en un viejo mercado de la ciudad, había sorprendido a dos mujeres, entradas en años, en un diálogo donde habían pronunciado su nombre y la extrañeza de su desaparición. Ellas no se percataron que él escuchaba. Cuando se decidió abandonar todo lo que tuviera que ver con su reconocimiento, lo hizo con el fin de desaparecer de los intereses que crean una sociedad. ¡Nadie muere del todo, cuando ha vivido! 

Los pensamientos insistentes asemejaban marros poderosos por derribar las puertas de su pasado, y él luchaba porque esto no sucediera. Se sentía descalificado. Así lo había decidido mucho tiempo atrás. Ahora su libertad a los convencionalismos, estaba en aprietos. 

Mientras tanto, el nocturnal callado de la quietud de aquel parque silencioso, amenazaba con la llegada del alba. Mientras que para él ese, el que venía, era un viejo día. Un día más que se había atrevido a caer de las hojas calendarias. 

La gente, en su travesía diaria a la jornada laboral, caminaba aprisa atravesando aquel recinto. Mujeres jóvenes con libros en brazos, se aproximaban a los colegios para labrarse un futuro. Las palomas habían bajado a la fuente para saciar su sed. Los sonidos aumentaban los decibeles del ruido de los automotores que aprisa se disputaban espacios entre sí, para hacer mas corta su distancia. 

Mientras tanto, aquel hombre se divertía viendo la “esclavitud” de la gente, que busca en la prisa el encuentro con el “éxito”. Se imaginaba cuando él era uno de ellos. Prefería la disfuncionalidad social antes de ser vértigo del tiempo temeroso del poder, ya fuere de la familia, la Iglesia o el Estado. Por eso insistía en invocar la muerte, como el mejor acto que le pudiera suceder. Por ello el pensamiento le martillaba la frase: ¿por qué te has alejado con la premura callada del silencio?, mientras se alejaba como una hoja al viento, sin dirección, ni rastro, escuchando siempre la voz del alma en un mundo humano.

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