23 de Octubre de 2018

Opinión

Laco en el Senado

El pasado 15 de diciembre, Eraclio Zepeda recibió el máximo galardón de la República: la Medalla Belisario Domínguez.

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Veintiséis años más tarde, la voz de Eraclio Zepeda volvió a vibrar en el Congreso, y éste vibró con ella.

En 1985, con un entusiasmo que pocas veces vi, los convencionistas del Partido Socialista Unificado de México votamos porque Laco se constituyera en representante de la nación. Y así fue. Tras ser electo diputado federal, el 1 de septiembre recibía el 3er. Informe de gobierno de De la Madrid. Para los jóvenes del PSUM fue un éxito generacional compartido. 

Muchos lo habíamos conocido apenas meses atrás. Sin duda nos cautivó con su bonhomía. Su cercanía y su inteligente sentido del humor nos atraían con más fuerza que la irrefrenable pasión por debatir entre nosotros. Pero lo que realmente nos sedujo fue la claridad y sensatez de sus, más que propuestas, planes para llevar a México a un socialismo democrático. Durante los tres años siguientes, aquella voz en la LIII Legislatura fue auténticamente la nuestra.

Este 15 de diciembre, el Senado de la República lo hizo miembro de la Orden Mexicana de la Medalla de Honor Belisario Domínguez, imponiéndole dicho galardón. Y en el Congreso de la Unión, Eraclio Zepeda volvió a hablar.

Fue, como pocos, un honor merecido y reconocido por la nación. Fue también una disculpa, bien que silente y tardía, del Partido de la Revolución Democrática, el último partido en el que militó, que lo propuso como recipiendario, y que en voz del senador Zoé Robledo saludaba a su fundador.

No menos podía hacer el PRD, que en 1994, en un acto de profunda mezquindad, negó a Zepeda representar a su estado, y a muchos mexicanos, en ese mismo Senado de la República. En una decisión cretina, prefirió postular a una cortesana ajena a cualquier lucha social, o compromiso distinto del de sus personalísimos intereses, sin más mérito político que tener en su currículum, sin duda, a uno, tal vez a los dos presidentes culpables de la matanza del 68. 

En esa lógica, cualquier fama era capaz de traer votos, única función reconocida al candidato a un escaño.

Pero a veces incluso la política pone a cada quien en su sitio. Tal vez Laco no sea senador en las próximas elecciones; los partidos no parecen más sensatos que ayer. 

Lo cierto es que hoy, por primera vez, un miembro del Partido Comunista recibió el máximo reconocimiento civil que la República da a los suyos.

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