21 de Enero de 2018

Opinión

Laicismo o barbarie

Creo que con la demostración de las perversas intenciones del sionismo, poco conocidas por los judíos, no habrá paz ni en la región ni en una Europa pluricultural si no se deja de lado la religión.

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No son buenos tiempos para el antisemitismo ni para cruzadas contra los moros. El horno no está para bollos, ni en Oriente medio ni en Occidente. Por menos se inició hace un siglo la Guerra del 14, que terminó hasta el 45.
Es cierto que el sionismo está masacrando Gaza. No es algo nuevo. Desde Ben Gurion es el plan de los sionistas.

Para probarlo ampliamente basta leer “La limpieza étnica de Palestina”, del historiador judío israelí Ilan Pappé y publicada por la prestigiada Editorial Crítica de Barcelona.

Para acercarse al problema es necesario entender, como punto de partida, que se puede ser judío mexicano o argentino o polaco sin ser israelí e, inclusive, que se puede ser israelí sin ser judío. El espacio territorial que ocupan musulmanes e israelíes es Palestina, aunque sólo a los primeros se suela llamar palestinos. Pero, sobre todo, se debe entender que es posible, y ocurre con frecuencia, ser judío e israelí sin ser sionista.

Sobre todo esta diferencia hay que subrayarla, porque en su olvido (casi siempre voluntario) se basa tanto el antisemitismo actual como el apoyo de los judíos de fuera de Israel a las políticas genocidas de Netanyahu, reforzado ahora por el nuevo presidente de Israel, Reuven Rivlin, quien ha sucedido al mucho más abierto Shimon Peres.

Pappé no es el único judío israelí en oponerse al sionismo. En páginas de este mismo periódico, Irene Selser se ha referido al libro del académico Yakov Rabkin “En nombre de la Torah. Una historia de la oposición judía al sionismo”.

Y basta ver las noticias para comprobar cómo, a pesar de la presión de los sionistas que los acusan de traición a la patria, se dan manifestaciones contra la masacre en Gaza y se exige que se detengan las movilizaciones militares del gobierno de Netanyahu.

Creo, sin embargo, que con la demostración de las perversas intenciones del sionismo, poco conocidas por los judíos, no habrá paz ni en la región ni en una Europa pluricultural si no se deja de lado la religión (o el nacionalismo religioso) como manifestación de identidad para los países. Es preciso que, independientemente de religiones y tradiciones nacionalistas, seamos capaces de vivir los unos con los otros en paz y con la voluntad de reconocernos como ciudadanos en un mismo territorio.

Como nunca, el laicismo es urgente. Lo contrario es la barbarie.

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