17 de Octubre de 2018

Opinión

Las barbas del vecino

Tengo la certeza de que los gobiernos deben establecer programas de inclusión para que la ciudad crezca de manera ordenada.

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Fíjese qué padre que ahora ya no haya necesidad de ir al mercado o al súper a comprar frutas y verduras, porque basta con salir en el coche, avanzar un poquito por Prolongación de Montejo y detenerse en un semáforo. Ahí encontrará vendedores de pimiento, mandarina, mamey, mango, pitaya, habanero o guayaba.

Y también hay variedad de raquetas para matar moscos, mangas para el sol, parasoles para las ventanas del coche, mapas, juguetes varios, lámparas, lupas y calculadoras gigantes.

¿Que el compañerito de su hijo cumple años y se le olvidó comprar un regalo? No se preocupe, llévele el cinturón de herramientas, disponible en el cruce de Prolongación de Montejo con Av. de las Haciendas.

Parece chusco, pero el origen y sobre todo el futuro de esto no lo es. Ahorita es la venta de productos, inocente y que no molesta mucho. Al rato van a ser los limpiaparabrisas que se transforman en bandas delictivas. 

Y seguro ya está pensando que es la gente de fuera que viene a vivir a Mérida. Pues sí, tiene razón. Seguramente toda esa gente es foránea y ha visto en esta ciudad una oportunidad para tener una mejor vida, como lo hemos hecho muchos. 

Usted sabe mejor que nadie, porque lo he dicho varias veces en este espacio, que estoy totalmente en contra de estereotipar, condenar y discriminar a los migrantes, yo soy una de ellos y sé mejor que nadie que no es una situación fácil para nadie. Por eso tengo la certeza de que los gobiernos deben establecer programas de inclusión para que la ciudad crezca de manera ordenada. 

Lo que sí deberían de hacer es generar condiciones para que la gente que llega se adapte y adopte el ritmo de vida normal de la ciudad y no altere los niveles de paz y seguridad que se tienen. Pero, sobre todo, en primer lugar, deben aceptar que el tema de la migración es una realidad con todos los problemas y beneficios que eso conlleva. 

Pocas cosas me han causado mayor frustración que platicar con alguien del tema y recibir un “estás loca, eso no pasa en Mérida. Aquí no discriminamos, somos muy hospitalarios. No hay necesidad de hacer programas con los fuereños (dicho sea de paso, ¡cómo odio ese término!), mejor vamos a cercar al Estado para que nadie más se venga a vivir aquí.” Aunque muchos quisieran poner una pared enorme para detener la migración, eso no es factible; no sigan con eso, no es chistoso y no es inteligente. 

Esa mentalidad de “aquí no pasa” debemos erradicarla porque, cuando pase, no vamos a saber ni de dónde vino el trancazo y detenerlo va a ser más difícil.

Un tip para los que tienen aspiraciones políticas, que no son pocos: ya hay muchos foráneos en Yucatán y el número sigue creciendo. Es gente que ha cambiado su residencia, que vota en este Estado, que quiere a Yucatán y que por costumbre es relegada. Sólo para que sepan.

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