16 de Noviembre de 2018

Opinión

Las croquetas son de quien las trabaja

Lo que nos queda es agradecerle a los priistas que hayan tenido la amabilidad de salvarnos de nuestras propias incapacidades para entender que nos salvaron del terrorismo fiscal.

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Mientras el resto de la nación juega a cosas rudimentarias y sosas como el bote pateado, en el PRI están jugando ajedrez como Boris Spassky. El PRI propone unas reformas hacendarias que son rechazadas de inmediato, sobre todo en impuestos a colegiaturas, rentas, compraventas inmobiliarias, croquetas y chicles, para que luego aparezca de nuevo el PRI, cual héroe de la película, papá, a salvar a la clase media y a los desprotegidos de las cosas que desde el PRIcámbrico temprano y el gobierno federal se plantearon. 

Y todavía ese prócer admirable, Camacho Quiroz, anuncia que todo fue gracias a la capacidad del Revolucionario Institucional para escuchar al pueblo y estar siempre de lado de las causas justas. Todos sabemos que los choznos de don Plutarco, como afirman sus campeones, Beltrones y Gamboa Patrón, están parados sobre una tradición democrática, científica y popular.  Aplausos. 

Y ahora lo que nos queda es agradecerle a los priistas que hayan tenido la amabilidad de salvarnos de nuestras propias incapacidades para entender que nos salvaron del terrorismo fiscal a pesar de nuestro sospechosismo. 
Y todo sin tener que gastar millones en cabilderos que sí saben cómo aplicar la lógica del kínder Caracola. 
Bien hecho. Así, cuando vengan reformas de verdadera profundidad que tengan que ver con la conversión de Pemex en Oxxos se les rinda pleitesía a los tlatoanis del tricolor como constructores de una patria más fuerte y mejor. 

Y si las cosas no resultan como las expectativas de crecimiento económico, siempre pueden alegar los priistas que son un dechado de alegría y buen humor, igualito que el conductor de la monster truck: “Me noqueé”. Bueno, eso sin olvidar que están más protegidos los maestros de la CNTE encapsulados por los granaderos que el público de ese espectáculo en Chihuahua, que refleja el espíritu de su gobierno.

Mancera también puede alegar que estaba noqueado cuando suspendió la Feria del Libro del Zócalo en espera de poder declararlo pueblo mágico libre de elementos subversivos. Todo indica que se le hizo fácil posponer un gran espacio cultural y ahora tiene a la comunidad artística en contra y, lo que es peor, extrañando a Marcelo Ebrard. Para reivindicarse, que mande a restaurar la Estafa de Luz como a la pátina de El Caballito. Sobre todo antes de que se insista en la peregrina idea de que don Miguel Ángel está haciendo todo lo posible para que el PRI recupere la capital. 

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