21 de Julio de 2018

Opinión

Las emociones y la piel

Todas las enfermedades dermatológicas conllevan una fuerte carga emotiva, primero porque son visibles y segundo por el temor de que puedan empeorar o ser contagiosas.

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La estrecha relación que guarda la piel con el sistema nervioso y los órganos de los sentidos se explica  en gran parte por su origen,  ya que derivan de la misma capa embrionaria, el  ectodermo, por eso las emociones ejercen un gran estímulo en la piel como cuando se eriza al escuchar una emotiva y bien ejecutada obra musical que puede afectar también a las glándulas lagrimales; otras emociones pueden manifestarse en la piel: rojo de vergüenza, pálido de terror, o sudoroso de miedo.

Todas las enfermedades dermatológicas conllevan una fuerte carga emotiva, primero porque son visibles y segundo por el temor de que puedan empeorar o ser contagiosas; son estas preocupaciones las que habitualmente conducen al paciente con el médico y cuando éste solo confía en su ciencia y sus medicamentos y no explora las condiciones emocionales del paciente, los resultados no siempre son los esperados, sobre todo en enfermedades como el vitíligo o la psoriasis, en donde el paciente necesita una exhaustiva explicación de su padecimiento y una muy buena comunicación con su médico para obtener resultados satisfactorios. 

A las emociones en la actualidad se les otorga un papel muy relevante en la evolución de las enfermedades porque pueden modificar positiva o negativamente su curso, no se cuenta todavía con la posibilidad de medir esta influencia, pero es innegable su intervención. Un maestro decía que el día que el ser humano sea capaz de armonizar su cuerpo con su espíritu se acabaría cuando menos con el 80%  de las enfermedades, porque son precisamente estos desajustes los que pueden desencadenar gastritis, colon irritable, diabetes, dermatitis, alopecias y hasta un infarto, entre otras muchas enfermedades.

Las personas optimistas, positivas, alegres, las que ven la vida como un vaso medio lleno suelen  enfermarse menos, tener una curso más corto y un alivio más rápido, no así las pesimistas, negativas, tristes o deprimidas que se enferman más y tardan más en curarse. El término “murió de tristeza” puede llegar a ser real y las curaciones milagrosas siempre tienen una fuerte dosis de  fe o de confianza. Mientras no se pueda conseguir esta armonía, los médicos seguirán teniendo mucho de que ocuparse.

Una inmunóloga me decía: “Dime tu estado de ánimo y te diré de qué te puedes enfermar, porque las defensas del cuerpo pueden incrementarse o inhibirse dependiendo de la calidad de las emociones”. Aunque el patrón de respuesta emotiva es producto de la genética, éste puede modificarse con disciplina, “el cerebro da lo que el corazón le pide”, con el temperamento se nace, pero el carácter se hace, aquel es fuerza desbordada y éste es fuerza controlada.

PD. Brindo por el 1º. aniversario de “El poder de la pluma”, sus promotores y  su prolongada existencia.

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