14 de Diciembre de 2017

Opinión

Las intenciones

Puede suceder que nos ofrezcamos a ayudar a otros, aparentemente sin intención de buscar ventajas personales, pero muy en secreto nos vemos a nosotros mismos como “héroes”.

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Antes de que puedas realizar algo, primero revisa tus intenciones.- Alex Morrison, escritor  

Actuar sin dobles fines es un profundo deseo del ser humano. Nos gustaría ser desinteresados en nuestras acciones; sentimos la necesidad de que nuestros impulsos interiores no estén en conflicto y que las motivaciones aparentes coincidan con las que, de verdad, nos inducen a actuar. 

-Puede suceder que nos ofrezcamos a ayudar a otros, aparentemente sin intención de buscar ventajas personales, pero muy en secreto nos vemos a nosotros mismos como “héroes”. 

-También nos puede alegrar el éxito de nuestros conocidos, pero en seguida nace en el interior cierta envidia que demerita aquel logro. 

-A veces junto con la compasión y el deseo de ayudar se siente la esperanza de que, a quien ayudamos, lo reconozca y nos lo agradezca. 

Bien sabemos que nuestras acciones responden a una “motivación” que puede ser, en palabras más precisas: deseo, interés, preferencia, etc., y muchas veces no es un solo motivo o razón. Es bueno conscientizar las motivaciones que nos llevan a actuar, unas son auténticas y otras, no tanto. 

Es de suma importancia reconocer en el campo de las motivaciones nuestras necesidades y valores. Si reflexionamos en nuestras diversas acciones en un día, distinguiremos nuestro actuar que responde a lo fisiológico, también otras para llenar la necesidad de afirmarnos como personas, para reforzar nuestro yo; la búsqueda íntima de encontrar un “sentido” a la vida que nos lleva a la reflexión, al diálogo interior, a la oración con Dios. 

Tenemos la necesidad de expresar los valores que creemos y nos inspiran a ejercer la libertad y realizar el potencial humano y espiritual personal. Están, igualmente, las acciones para llenar la necesidad de seguridad natural, económica, psicológica, espiritual y la de pertenencia en la familia, la amistad y la de estima y respeto a nuestra persona.

Las necesidades son tendencias innatas a diversas acciones de cada día que se matizan con los valores que nos atraen hacia una vida de mejora continua orientando nuestro avance, siempre, hacia algo mejor.

La incongruencia entre las necesidades y los valores de una persona le acarrea malestar y no obtiene la gratificación que espera. Por lo tanto, para un crecimiento auténtico nuestras necesidades y valores tienen que ir de la mano. Solamente así la recta intención estará presente en todas nuestras acciones. 

¡Ánimo! hay que aprender a vivir!

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