20 de Septiembre de 2018

Opinión

Las nuevas guerras

Tras la desaparición de Hugo Chávez no ha surgido un liderazgo político claro y definido a nivel continental.

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Tras la desaparición de Hugo Chávez no ha surgido un liderazgo político claro y definido a nivel continental. Ninguno de sus seguidores ha conseguido ocupar el lugar preponderante que alcanzó a construir el desaparecido político que tanto disgustó a Estados Unidos por su proclividad a hacer amistad con declarados enemigos de Washington.

Antes y después de su muerte surgieron versiones en el sentido de que la enfermedad que terminó con Chávez pudo haber sido inoculada a su organismo de alguna manera, pero tales aseveraciones no han tenido ningún resultado ni eco más que esporádicamente.

Ni siquiera Cuba, que con sus adelantos en el campo de la medicina atendió a Chávez durante meses y meses, ha consecuentado las versiones de una posible contaminación al organismo de Chávez y lo más probable es que las cosas queden como están quedando: un líder histórico que animó a la emancipación del coloniaje de los pueblos de América del Cono Sur hacia el norte, impulsando gobiernos que en otros tiempos recientes hubieran sido llamados comunistas y hoy simplemente de izquierda.

Y es que el mundo vive hoy una nueva revolución. Estamos en plena guerra. Es una guerra diferente porque los líderes del mundo saben que en una guerra convencional la humanidad entera llevaría las de perder.

El propio Fidel Castro reflexionaba en agosto de 2010 en una mesa redonda con respecto a la capacidad de fuego de las naciones que pudieran poner en riesgo la paz mundial y la vida en la tierra, en consecuencia.

Decía Castro que el mínimo de armas nucleares que se calculaba hace tres años era de veinte mil. Científicos cubanos, por su parte, aseguraban que eran 25 mil los artefactos nucleares. Castro hablaba de que las naciones tienen una potencia 450 mil veces similar a la que destruyó Hiroshima.

Y preguntaba a un grupo de periodistas: “¿saben cuántas armas hace falta detonar para que se produzca un invierno nuclear total, que oscurezca al mundo? Cien”.

Abundaba: “Una sola guerra parcial, por ejemplo entre India y Paquistán, esa sola guerra entre dos países debilitos nuclearmente podría producir ese invierno. Sobre la base de las 25 mil armas nucleares bastaría el 0.0004 por ciento de las bombas existentes para llevar al planeta al invierno nuclear. Fíjate si el problema es serio”.

Es en este contexto que a nadie conviene una guerra nuclear que acabaría con el planeta, donde todos seríamos perdedores.

Entonces, el rostro de la guerra está cambiando. Ha cambiado. Le llaman ahora  Guerra de Cuarta Generación (Fourth Generation Warfare - 4GW). Se trata de la última fase de la guerra en la era de la tecnología informática y de las comunicaciones globalizadas, como muy bien lo describe el experto en estos temas Manuel Freytas.

En 1989 comenzó la formulación de la teoría de la 4GW cuando William Lind y cuatro oficiales del Ejército y del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos titularon un documento: “El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación”. Ese año el documento se publicó simultáneamente en la edición de octubre de Military Review y la Marine Corps Gazette.

Si bien en sus primeros tramos de la década de los noventa la teoría no fue precisada ni se expresó claramente qué se entiende por el 4GW, el concepto luego fue asociado a la Guerra Asimétrica y a la Guerra Contraterrorista.

De esta manera, y a partir de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos la Guerra Contraterrorista y la Guerra Psicológica conforman las dos columnas estratégicas que sostienen a la Guerra de Cuarta Generación, con los medios de comunicación convertidos en los nuevos ejércitos de conquista. (Lea más de este y otros temas en www.enbocaspalabras.com.mx).

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