23 de Septiembre de 2018

Opinión

Las tierras de nadie

En Michoacán y Guerrero las cosas siguen complicándose con las acciones de las policías comunitarias.

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Para el gobierno de Enrique Peña Nieto son tres los estados de alta prioridad en materia de crimen, violencia e inseguridad: Michoacán, Guerrero y Tamaulipas. Como van las cosas, con las capturas de los líderes de Los Zetas, Miguel Ángel Treviño, El Z-40, y del cártel del Golfo, Mario Armando Ramírez Treviño, El X-20, en Tamaulipas las cosas van mejorando.

Sin embargo, en Michoacán y Guerrero las cosas siguen complicándose con las acciones de las policías comunitarias y los llamados grupos de autodefensa, cuya existencia en los hechos representa la ineficiencia de los gobiernos federal y locales para dar seguridad a los habitantes de zonas remotas de la República, así como la renuncia del Estado al control de vastos territorios en las regiones agrestes de esas entidades.

En el caso de Guerrero la situación tiene que ver con la entrega de los municipios dentro de la zona de influencia del Ejército Popular Revolucionario (EPR) a este grupo guerrillero para evitar conflictos por los patrullajes de policías y militares en algo así como un informal tratado de paz que contempla la existencia de gobiernistas independientes dentro del territorio mexicano.

La situación de Michoacán es parecida, pero tiene un origen distinto, pues mientras en Michoacán la cesión de territorio, gobierno y seguridad tiene que ver con un conflicto social armado, los grupos de autodefensa michoacanos surgen bajo el patrocinio del crimen organizado en comunidades corrompidas hasta la médula por el narcotráfico.

Por eso no es gratuita la prioridad que le dio el gobierno de Felipe Calderón a Michoacán ni la que le da la administración de Peña Nieto. El objetivo de las autodefensas no es proteger a una comunidad, sino impedir las acciones de la policía y los militares en sus regiones para que pueda operar la cosecha y transportación de mariguana y los laboratorios de metanfetaminas que resguardan.

Algunos empresarios michoacanos pidieron menos Ejército y más inversión para el desarrollo. Su rechazo a las fuerzas armadas y al gobierno de Michoacán, ahora a cargo de Jesús Reyna, representa un apoyo tácito a las narcoautodefensas. 

¿O a poco creen que ante el control del crimen organizado en esas comunidades puede generarse crecimiento y bienestar en regiones sin la protección de las fuerzas armadas?

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