17 de Diciembre de 2018

Opinión

Lecciones de la Historia

Dos sucesos de importancia singular se suceden en este naciente mes de mayo: el día primero, Día Internacional del Trabajo, y el cinco, la gesta heroica que registra nuestra historia como la Batalla de Puebla.

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Dos sucesos de importancia singular se suceden en este naciente mes de mayo: el día primero, Día Internacional del Trabajo, y el cinco, la gesta heroica que registra nuestra historia como la Batalla de Puebla.

Hechos que tienen su origen en la búsqueda del respeto a los Derechos Humanos. En el primer suceso, la reivindicación de los derechos laborales: Mártires de Chicago, 1886, cuando una ley señalaba que no debía excederse la jornada de 18 horas.

Los trabajadores por su parte pedían, entre otras cosas, dividir el día en 3 tercios: uno para el trabajo, otro para la familia y el restante para el descanso. En México son memorables, aunque años después, los movimientos obreros de Cananea y Río Blanco.

El segundo fue la repuesta contra la intervención francesa en México, el 5 de mayo de 1862, una lucha que se prolongaría hasta 1867, cuando los franceses se retiraron definitivamente de nuestro país.

Estos y otros lamentables hechos no debemos de olvidarlos jamás. Hemos de hacer todo lo posible para que las diferencias que surjan en todos los campos del devenir humano se diriman con la razón, de acuerdo con las leyes en vigencia y, desde luego, con los valores que distinguen al ser pensante y nos permiten crecer como sociedad de valía, una sociedad solidaria que respete ampliamente las prerrogativas de todas y de todos.

Requerimos una sociedad más participativa, conocedora de sus derechos para hacerlos valer y por ende respetuosa de las prerrogativas de las otras personas, para que horrores, como los que recordamos en las dos fechas señaladas, no sean más que manchones en la historia de la humanidad.

Esforcémonos por ser mejores en todos los campos de nuestra vida diaria, cumpliendo de la mejor manera con nuestro trabajo, con nuestras obligaciones cívicas y sociales, sin menoscabo alguno de nuestra dignidad como seres humanos.

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