22 de Julio de 2018

Opinión

#LibertadPatishtán

Alberto Patishtán era priista cuando sus propios correligionarios, en sus pugnas por el poder, lo señalaron como culpable de haber asesinado a siete policías.

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El pasado 7 de abril, Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe cerraron la segunda edición del Encuentro Inter-escénico El Sótano, celebrado en la Mérida de Yucatán por instancia del colectivo escénico El Sótano y Tapanco Centro Cultural, con el apoyo del Fondo Municipal para las Artes Escénicas y la Música 2013.

La participación de Jesusa y Liliana consistió en una charla-conferencia sobre su trayectoria como artivistas y la presentación-representación de El Sexto Sol, un espectáculo cuyos pre-textos son el Popol Vuh y Una vieja historia de la mierda de Alfredo López Austin.

En mitad de la función, entre los aplausos y los gritos de “¡bravo!” de un público en su mayoría priista al que las alusiones contra el régimen que Jesusa y Liliana blandieron con su palabra y su canto le hizo lo mismo que lo que el viento a Juárez, Liliana se puso de pie para recordar que el profesor Alberto Patishtán Gómez arribará a su cumpleaños 42 injustamente preso en Chiapas.

El 21 de enero de 2013, la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que Florence Cazes debía ser liberada por ausencia de debido proceso e inconsistencias en las declaraciones de los testigos; quienes saludamos esa decisión, lo hicimos pensando en que la raíz de la impunidad que caracteriza al aparato de justicia de este país no está en la liberación de una presunta secuestradora, sino en el accionar de un poder Judicial que primero arresta y condena y luego averigua.

Alberto Patishtán era priista cuando sus propios correligionarios, en sus pugnas por el poder, lo señalaron como culpable de haber asesinado a siete policías en una emboscada; su caso, como el de la supuesta integrante de la banda Los Zodiaco, adolece de la ausencia de debido proceso que determinó la liberación de Cazes, pues se le detuvo sin orden de aprehensión y fue obligado a rendir declaración sin abogado defensor ni traductor.

Una pregunta retórica asalta el teclado: ¿será que quienes se dicen herederos de Carrillo Puerto y aplaudieron a rabiar a Jesusa y a Liliana moverán siquiera un dedo para exigir la liberación de un indígena tzotzil al que no se le ha podido comprobar nada en los 12 años que lleva resistiendo las lesivas prácticas legaloides de una justicia que será ciega pero bien que siente lo que agarra?

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