18 de Octubre de 2018

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Don Arcadio es un tipo que quizás no toma demasiado en serio lo que su nombre significa en la historia de la radio, en la historia de muchas familias que lo tendremos siempre como un buen recuerdo.

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Mi sueño de niña era ser locutora, mi mamá me alejó de ese sueño cuando al expresar mi deseo respondió: “Los locutores van a la guerra”. Como a mí no me gusta la guerra, dejé la idea de ser locutora a un lado. Ahora pienso que ese sueño venía de la complicidad que mi mamá tenía con la radio, especialmente con un locutor.

La recuerdo planchando nuestro uniforme por las mañanas mientras oía la radio y la sonrisa se dibujaba en su rostro; cuando me pescaba observándola, decía: Ese señor dice la verdad, no tiene miedo y dice todo de todos, tiene guardaespaldas, si no, ya lo hubieran matado. Eran otros tiempos en la radio, las personas que tenían un micrófono eran conscientes del poder de éste y de que la palabra empeñada muchas veces queda en el corazón de quien los escucha. El locutor que iniciaba el día a mi mamá, haciéndola sentir que los “malos” también eran puestos en su lugar, que aún había alguien que podía representar la voz de un pueblo, era Arcadio Huchim. A mi parecer, don Arcadio es el último líder de opinión que tuvimos en Mérida, su palabra era ley.

Ahora que Andrea Herrera y yo queremos ampliar nuestras opciones de conciencia social, proyecto que iniciamos en el teatro, con talleres en el Cereso y en colonias marginadas, recuperé el viejo sueño de ser locutora, pero con el ejemplo de don Arcadio, no con chistes, ni “vaciladas” o vulgaridades de doble sentido que no dejan nada a quien escucha; queremos aportar a la sociedad un espacio radiofónico para hacer conciencia de la violencia y la discriminación que aún se vive en Yucatán.

Andrea consiguió una cita y fuimos proyecto en mano a una estación de radio. ¡El mismo Arcadio Huchim nos recibió en persona y nos orientó con el proyecto! No pude ocultar mi emoción al conocer al héroe de mi madre, no pude contener el deseo de contarle esa vieja historia. Mi madre era una mujer que trabajaba de sol a sol para mantener a sus cinco hijos y sus alegrías siempre eran contadas, pero la radio significaba para ella un vínculo con la justicia y la esperanza.

Creo que don Arcadio me entendió poco o quizá así es él, un tipo que no toma demasiado en serio lo que su nombre significa en la historia de la radio, en la historia de muchas familias que lo tendremos siempre como un  buen recuerdo.

Seguimos tocando puertas para cumplir nuestro sueño, quizá no llegue a realizarse, pero el día que le conté a mi mamá que conocí a don Arcadio, una sonrisa se dibujó en su rostro y francamente, después de todo lo que mi madre ha sufrido, hacerla sonreír  es otro de los grandes sueños de mi vida.

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