17 de Noviembre de 2018

Opinión

Lo negro de Chivosa

Más allá de las irregularidades colosales detectadas en la polémica y endeble construcción de una obra...

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Más allá de las irregularidades colosales detectadas en la polémica y endeble construcción de una obra en la zona posterior del Palacio Municipal capitalino –inaceptables sobre todo en estos tiempos de crisis–, destaca el ingrediente de la adjudicación de una obra a una empresa del estado de México: Chivosa S.A de C.V.

Porque cuando la sequía es devastadora lo prudente es obsequiar contratos a constructoras del patio, colocadas en el área de terapia intensiva por la escasez de contratos.

En muchos casos los empresarios se mantienen al filo de la navaja, maniobrando para mantenerse a flote.

Como hemos publicado, en el período del ex alcalde capitalino Carlos Mario Villanueva Tenorio fue adjudicada la construcción de un edificio en la parte trasera del Palacio Municipal, a fin de contar con nuevas oficinas. Pero en esta administración del alcalde Eduardo Espinosa Abuxapqui se revelaron aspectos muy peligrosos de esta construcción, efectuada con recursos federales, en concreto 2 millones 93 mil pesos.

La obra no es confiable y corre el riesgo de derrumbarse, por lo que se inició una revisión y se pretende llamar a cuentas a los representantes de esta nebulosa empresa, injustamente beneficiada porque los constructores locales fueron marginados, lo que nos da una idea del tipo de motivaciones de quienes obsequian contratos, pisoteando a los de casa.

Porque se trata de una construcción que pudo ser efectuada por empresarios chetumaleños, en caso de que el tino político esté presente en los burócratas municipales. Y esta adjudicación ocurrió precisamente en el período del hijo del ex gobernador Mario Villanueva Madrid, quien en su administración privilegió a lo local, dominado por un nativismo que estuvo ausente en su sucesor, Joaquín Hendricks Díaz.

Recordemos que en la recta final del gobierno de Hendricks se impulsó el programa para rescatar las casas de madera en la capital del estado, y contra toda lógica se adjudicó el contrato a una empresa creada al vapor en Mérida, Yucatán.

Los trabajos fueron deficientes porque fueron efectuados por elementos foráneos e improvisados que desconocían las peculiaridades y secretos para construir casas de madera; muchas de ellas con el paso de los meses fueron presa del fuego, con inconfundible aroma a premeditación criminal.

Apoyar a los constructores locales debe ser una prioridad en los burócratas que entregan contratos por la libre, ya que se tiene que alimentar a las constructoras del sur.

Pero el daño ya está hecho, y tan solamente nos queda esperar que se llame a cuentas a los representantes de esta empresa del estado de México, sospechosamente favorecida en el infame período de Carlos Mario Villanueva Tenorio.

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