14 de Diciembre de 2017

Opinión

Los anhelos de libertad

Se cumplen en estos días 20 años del éxodo masivo de Cuba, que dio origen a la política de “pies mojados, pies secos”...

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Se cumplen en estos días 20 años del éxodo masivo de Cuba, que dio origen a la política de “pies mojados, pies secos”, por la que todo cubano interceptado en altamar es devuelto a la isla, y el que ponga un pie en Estados Unidos puede quedarse.

Desde entonces, miles de cubanos arriesgan sus vidas para salir de su país, a costa de los peligros que entraña aventurarse en el océano en endebles balsas. Muchos lo han logrado, pero el mar también ha cobrado su cuota de vidas, y los que han sido regresados pierden algo más que la esperanza de una vida mejor.

¿Qué mueve a la gente a buscar la libertad? Muchas cosas, no sólo se trata de ideales, sino la rebeldía de espíritus inquietos que se inconforman con su destino, a veces impuesto por la fuerza o por las circunstancias. 

Nos tocó vivir un episodio de balseros, pero mexicanos. Una noche de 1976, estando a bordo del guardacostas “Ponciano Arriaga” de la Armada de México, con base en Mazatlán, Sinaloa, zarpamos sólo con la tripulación de guardia (una veintena de hombres) en busca de un grupo de internos que había escapado de la entonces colonia penal de Islas Marías.

Al amanecer los avistamos. Eran tres y estaban a la deriva sobre una cámara de llanta, un palo por mástil y un trapo por vela. No habían avanzado hacia la costa. Al pegar en el costado del barco subieron a bordo. No hubo resistencia, más bien agradecimiento. Sólo llevaban una bolsa con galletas y otra con un poco de agua. Se les ofreció alimento y vestuario.

Fueron devueltos al penal, recuerdo que contentos por estar a salvo. Un oficial les preguntó si había valido la pena el intento. Uno de ellos contestó que sí, que la libertad vale eso y más, hasta la vida. 

Conocida como la cárcel sin barrotes, Islas Marías es ahora un Complejo Penitenciario en el que son enviados reos con sentencias definitivas e inapelables, condenados por delitos no violentos o que están muy avanzados en su proceso de readaptación. Sin embargo una “jaula de oro” no mata los anhelos de libertad.

Anexo "1"

Islas Marías

Las Islas Marías pertenecen a Nayarit y son: María Madre (la mayor, Cleofas y Magdalena). En la mayor está Puerto Balleto, un pueblo como de pescadores donde cada semana llega un buque de la Marina con víveres y materiales diversos, familiares de los colonos y, en ocasiones, nuevos habitantes para el penal.

En el ya lejano 1976, a mi guardacostas, el “Ponciano Arriaga”, le correspondió relevar al “Zacatecas” (que hacía la comunicación) durante un tiempo en que fue enviado a mantenimiento al dique de Salina Cruz, Oaxaca. Fue un periodo de muchas singladuras, pues zarpábamos el miércoles por la noche de Mazatlán, llegábamos a Puerto Balleto al amanecer del jueves y ese mismo día por la tarde-noche retornábamos para amanecer el viernes en Mazatlán. 

Recuerdo que en una ocasión a nuestro arribo al penal escuchamos las notas que desgranaba un conjunto musical: “Fue en un cafeeé/donde yo la dejé/fue en un cafeeé/donde la vi llorar...”. En el muelle siempre recibía los cabos de nuestro barco Pancho Valentino, un ex luchador que había dado muerte a un sacerdote que lo encontró robando en una Iglesia de la ciudad de México.

Luego de la descarga, a la tripulación se nos permitía bajar a tierra y participar en las actividades de los colonos en el parque donde había partidos de basketbol o se proyectaba una película. En ese entonces, las familias (niños incluidos) convivían con ladrones, narcotraficantes y asesinos, pero había tranquilidad. Ahora, Islas Marías es un penal federal de alta seguridad... y muchas cosas han cambiado.

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