23 de Septiembre de 2018

Opinión

Los columnistas pagados

No hay nada peor para la información del ciudadano, para la comunicación veraz y objetiva...

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No hay nada peor para la información del ciudadano, para la comunicación veraz y objetiva, que un columnista de esos de opinión pagados por el sistema que adula, que simula y que eventualmente hasta miente por el régimen.

Estos pseudo informadores y comunicadores aprovechan medios a su disposición y alcance para manipular la verdad y eventualmente tratar de engañar a los curiosos lectores, y a pocos ingenuos que creen todo lo que leen -y otros que simplemente saben que estos artistas del engaño sólo sirven a intereses muy particulares-.

Lo que está claro, es que estos dizque periodistas sin escrúpulos, sin conciencia y sin valores existen y persisten porque alguien los mantiene, porque han hecho de la dádiva una forma de vida y porque hasta han sabido codearse, algunos, con personajes encumbrados en la política, pero también del sector empresarial  a efecto de mantenerse en ese círculo privilegiado que les provee de información clasificada, según ellos, pero sobre todo de recursos para poder sobrevivir.

Supongo que estos parásitos existen en todas las sociedades, pero que en países como el nuestro encuentran condiciones especiales para su subsistencia, dado los entornos de corrupción, malversación, influyentismo, autoritarismo y sectarismo prevalecientes.

Algunos tratan de ser discretos y eventualmente intentan presentar sus opiniones y notas editoriales como verdaderos reportajes, producto de la investigación, aunque detrás existan intereses ocultos en la nota, pero otros son francamente descarados y su opinión  demuestra no sólo complacencia, sino hasta obediencia con el sistema, en algunos casos con funcionarios o políticos determinados. Las referencias son tan obvias en ocasiones, incluso los títulos de sus columnas de opinión, que verdaderamente causan lástima y dejan ver con toda claridad su escasísimo sentido de integridad y honestidad.

El colmo es cuando incluso se les ve compartiendo y departiendo en comidas y fiestas con funcionarios, políticos y empresarios, tratándose de tú a tú como si realmente fueran de la misma clase. Algunos no se darán cuenta que realmente son usados, y caen rendidos ante las tentaciones de la vida glamorosa, especialmente tratándose del turismo. Otros, son descarados, osados y sin vergüenza y aprovechan, mientras se pueda, la posibilidad de seguir despilfarrando a cambio de sus favores “editoriales”.

En fin, en este querido México hay de todo.

Cualquier comentario con esta columna que no se vende, favor de dirigirlo a: [email protected]

 

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