25 de Septiembre de 2018

Opinión

Los demonios del fiscal

Los demonios sueltos de Lydia Cacho que persiguieron a varios personajes de la vida política y empresarial...

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Los demonios sueltos de Lydia Cacho que persiguieron a varios personajes de la vida política y empresarial del país por su presunta participación en una red de pederastia, parecen seguir vivos y quitarle el sueño ahora al recién nombrado fiscal general, Miguel Ángel Pech Cen, tras difundirse su presunta participación – mediante la filtración de datos- en la huida del pederasta Jean Succar Kuri, cuando fungió en 2004 como subprocurador de justicia en la zona norte del estado, bajo el mando de la Procuradora  Celia Pérez Gordillo, quien a su vez  recibía instrucciones del entonces  gobernador Joaquín Hendricks Díaz.

En una nota De Hugo Martoccia, corresponsal de La Jornada, se apuntó lo siguiente: “La periodista Lydia Cacho Ribeiro manifestó que se debe investigar la actuación del ex gobernador de Quintana Roo Joaquín Hendricks Díaz en el caso del presunto pederasta Jean Succar Kuri, al considerar que está comprobado que la Procuraduría General de Justicia del estado ayudó a huir al empresario, quien se encuentra preso en Arizona, Estados Unidos. Según la también activista social, es urgente que la autoridad comience a investigar al ex gobernador, pues hay que aclarar cuáles son los vínculos que tuvo con el empresario poblano Kamel Nacif y su actuación en el caso de Succar Kuri, acusado de liderar una red de pornografía infantil. ‘Debe haber cualquier indicio de que Hendricks participó o autorizó a la Procuraduría de Justicia, porque todos sabemos que ésta, como aparato, dejó ir a Succar". (16 de febrero de 2006). 

En lenguaje liso y llano, fue una conducta de estado, ya de acción o de omisión. Solo así se explicaría por qué el entonces subprocurador de Justicia en la Zona Norte, Miguel Ángel Pech Cen, bajo el mando de Celia Pérez Gordillo y ésta a su vez supeditada orgánicamente a las decisiones del titular del poder ejecutivo, Joaquín Hendricks, continúo en el cargo a pesar de los severos cuestionamientos en su contra. La Procuraduría no se sonrojó ni se preocupó por el señalamiento público que devino en detrimento de la imagen institucional, En 2005 fue enviado a la zona sur del estado como subprocurador, con la clara intención de alejarlo de las miradas inquisitivas de los medios de comunicación.

Los errores, las acciones y las omisiones que inclusive pudieran considerarse como delitos, tienen en los funcionarios públicos dos tratamientos distintos: el disimulo y la complicidad si éstas fueron por acatamiento de órdenes superiores y el despido, la inhabilitación y quizá la cárcel si fueron realizadas de motu propio.

Bien se refirió Lydia Cacho a “los grandes poderes”, cuando en vísperas de la publicación de “Los Demonios del Edén”, denunció que la PGR estaba frenando la indagatoria y que ésta al parecer no pretendía investigar a todos los involucrados en la red de pornografía infantil, en la que se hallaban políticos y servidores públicos de alto nivel, cuyos nombres reveló en las páginas de su libro. Esos mismos poderes también se manifestaron en el ámbito de la justicia local.

En 2004, el ahora Fiscal General, procuraba la justicia en la zona norte, era solo un eslabón en la cadena de mando. El ejercicio de su encargo no tenía – como tampoco ha tenido nunca- la facultad de contradecir órdenes superiores. Quien llega a la Procuraduría (ahora Fiscalía General del Estado), firma un cheque en blanco y de antemano empeña al diablo su voluntad y su moralidad – si es que la tiene-. Hará el trabajo que le ordenen y no será siempre uno pulcro y apegado a los cánones del derecho. La Procuraduría ha sido siempre el brazo ejecutor del Gran Inquisidor. 

El anterior razonamiento no tiene la intención de justificar la responsabilidad que pudo haber tenido el ahora Fiscal, sino la de entender que cada acción u omisión de los servidores públicos obedece a una motivación superior. Cada uno representa una pieza del engranaje. Y es ese engranaje el que ahora nuevamente se ha echado a andar. La decisión de nombrar a Miguel Ángel Pech Cen, como Fiscal General del Estado por los siguientes nueve años (Con la aprobación de todos los integrantes del Congreso local, excepto una que no estuvo presente) podría obedecer al mismo que lo cobijó como subprocurador de justicia, primero en la zona norte y luego en el sur, hace tres lustros. Los “grandes poderes” no mueren, solo se transforman.

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