23 de Septiembre de 2018

Opinión

Los guardianes del Puuc

Estos personajes tenían por encomienda chapear, deshierbar, barrer los monumentos y en donde había baños debían de limpiarlos.

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Los trabajadores de las zonas arqueológicas, que hoy tienen el nombramiento de custodios de bienes culturales, hace casi noventa años se les llamaba guardianes  de las ruinas. Estos personajes tenían por encomienda chapear, deshierbar, barrer los monumentos y en donde había baños debían de limpiarlos. 

Además, estos trabajadores vivían con sus familias en las zonas arqueológicas y quizá de allí que algunos de sus hijos se interesaron en continuar con este trabajo como parte de una tradición. 

Con el paso de los años se estableció como requisito que la preparación mínima para ingresar como custodio era la secundaria o preparatoria con el propósito de brindar un mejor servicio y elevar el nivel de educación de los trabajadores. 

Este avance en la educación  de los trabajadores se reflejó en las zonas arqueológicas, ya que al personal que tenía cierta preparación ya no le preocupaba el chapeo o la limpieza de los baños y el suministro de las herramientas de trabajo se reflejó en la falta de limpieza de los sitios entre los años de 1987 y 2000. 

Pero entre todo este proceso, al menos en la Ruta Puuc, podemos señalar que quedaron algunos trabajadores que mantuvieron la línea de trabajo, como la de aquellos guardianes que fundaron el INAH en Yucatán, quienes conservaron la responsabilidad en el trabajo, cumpliendo con sus horarios, podando desde muy temprano en sus áreas de trabajo antes que los visitantes empezaran a llegar, barriendo el área de servicios para recibir a los visitantes; otros coordinando a sus compañeros con mucha responsabilidad, y aunque varios no lograron cumplir con la educación media, nunca perdieron el respeto y la amabilidad con los visitantes. Viven y disfrutan profundamente su trabajo, además de que muestran muchas inquietudes para mejorar su actividad, como el caso de Pedro Góngora Interián y Mario Magaña, que hace unos años se jubiló pero no por eso dejaríamos de señalarlo, quienes, con otros compañeros, formaban la brigada volante con sede en Oxkutzcab.  

Estas mismas cualidades las poseen el Sr. Vidal Dzul (padre), encargado de la zona arqueológica de Xlapak, y Pascual Huchim, encargado de la zona de Kabah. Es admirable la labor de estos trabajadores y de estos desearíamos que se multiplicaran, como el caso de Miguel Magaña Góngora, hijo de Pedro, para recuperar la mística de servicio y hacer del trabajo una forma de vida.

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