13 de Diciembre de 2017

Opinión

“Los hambrientos del amor”

En nuestra sociedad es mal visto abrazarse o besarse, te dicen gay o te tachan de lesbiana.

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En nuestra sociedad actual, una de las pocas cosas que no se alimentan o se promueven es el contacto físico. Y lo más triste es que ni siquiera en las familias o con los amigos se hace.

Tengo una vivencia, cuando estaba en una reunión de médicos observé a un doctor de más de 70 años, y vi venir a su hijo también doctor, joven y recién egresado de la especialidad. Pensé que se darían un beso o un abrazo, y al llegar me sorprendió que se saludaran con la mano.

En nuestra sociedad es mal visto abrazarse o besarse, te dicen gay o te tachan de lesbiana. Cada persona marca su distancia cuando interactúa contigo. El acercarse, tocar el hombro, saludar con las dos manos, o un abrazo con un beso afectivo, lo ven como una agresión a su intimidad.

Está comprobado científicamente, que un simple abrazo es una de las terapias más convenientes y baratas que se encuentran disponibles. Sin embargo, seguimos sin tocarnos.

En una investigación que se realizó en la universidad de California, los entrevistados debían de mencionar tres cualidades que consideraban esenciales para una relación duradera. Sorprendió el resultado que en la mayoría de ellos, el afecto (tocarse, tomarse de las manos, acariciarse) se encontraba en segundo lugar, primero ponían la comunicación como una de las características más importantes. Así quedó que primero era la comunicación, la segunda el afecto, y el tercero el tocarse.

Por otro lado, diferenciaban el sexo del afecto y lo relegaban al octavo lugar. El afecto, no el contacto sexual, es una fuente enorme de bienestar, tanto físico como emocional, y es indispensable en el amor. Es gratis, no necesita de equipo especial y siempre está disponible. Si amamos debemos de hacérselo saber a aquellos que nos interesan. El mejor modo de hacerlo es dirigirnos directamente a ellos, y demostrárselo con la máxima frecuencia posible.

En el afecto está la diferencia. Sin aquel beso que nos daba nuestra madre, sin la existencia de la monja Teresa de Calcuta, sin el saludo de nuestro vecino en la iglesia, o sin una caricia en el hospital al enfermo, viviríamos como animales

¡Todos estamos hambrientos de amor! Cuántas parejas “ya no conviven, sólo viven con”. En la relación de pareja hay que vivir enamorados, sea cual fuera la edad. Hay que entender que aprendimos a mantener vivo el amor. El amor añejo, al igual que el vino, nos da más satisfacciones y es más refrescante, más valioso, más reconocido y más embriagante. Los enamorados con experiencia, tienen que perdonar a los más jóvenes por no entender del todo el amor y dedicarse a beber y a gozar.

Hoy es un buen día para empezar a dar amor y saciar nuestra hambre de amor. Nos debemos de regar del amor, del afecto, y de amistad, para saciar nuestra hambre de amor. Hay que entender que “la tragedia de la vida no es que los hombres mueren, sino que dejan de amar”.

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