24 de Septiembre de 2018

Opinión

Los olvidados de siempre

El crecimiento urbano de Cancún sigue imparable.

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El crecimiento urbano de Cancún sigue imparable. No obstante, las proyecciones de las autoridades con base en el anuncio de inversiones inmobiliarias y la dotación de servicios públicos demuestran que tal explosión demográfica ha sido dispareja. Es decir, unos tienen, otros no tanto y algunos nada.

Para graficar la desigualdad los urbanistas han definido tres áreas: centro-este, con población de ingresos medios y altos; del noreste hacia el suroeste, con deficiencias en infraestructura, vialidad y servicios, y el sur, donde prevalecen los ingresos medios y bajos, no obstante cuentan con servicios e infraestructura básica.

La explicación es que llegaron muchos y de pronto. En efecto, el censo de 1970 arrojó apenas 376 habitantes y, el de 2010, poco más de 677 mil 900. Pero ello no justifica el abandono en el que sobreviven miles de ciudadanos: con agua de pozo, luz natural, sin señal telefónica ni drenaje. Lejos de casi todo. 

Son los de colonias y regiones completas. Son los olvidados de siempre. Porque si bien las autoridades han sabido ordenar el desarrollo del último tiempo, principalmente hacia el norte, noroeste y sur de la ciudad, no son pocos los asentamientos en los que sólo se paran en campaña política. 

En un inicio de gobierno la inquietud reflota. El 17 de octubre pasado, cuando se conmemoró el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, predominó -por enésima ocasión- la exaltación de avances, pero no de las carencias y los desafíos más urgentes. 

Lo anterior es un error evidente, porque si la agenda está marcada por la crisis de desconfianza en las instituciones, la inseguridad, la indignación y la vergüenza, el olvido en que viven familias enteras debe ser incorporado al debate público para encontrar soluciones.

El diagnóstico ya es clarísimo: persiste la desigualdad traducida en concentraciones de riqueza y oportunidades en unos pocos. Esto ha provocado las dos visiones que se tiene sobre Cancún, donde en la zona desfavorecida ocurre todo lo malo.

Por ello irrita que algunos aspectos que ayudarían a superar la pobreza y mejorar la estructura de oportunidades, se encuentren detenidos, a estas alturas, sin explicaciones razonables, en manos de servidores públicos de los tres niveles de gobierno. 
Esta situación, dramática para muchos, la padecen por igual infantes, madres solteras, adultos mayores, migrantes y personas con discapacidad, para quienes escasean las ventajas de cualquier naturaleza.

La deuda con estas poblaciones exige una política clara, que contemple la participación de diversos actores y de distintos ámbitos, para construir un modelo justo e inclusivo. Ya no aguantan más los discursos con promesas, el asistencialismo interesado y el apoyo ocasional.

Desorbitado

Novedades Quintana Roo difundió una noticia que preocupa: la problemática social de violencia familiar genera 105 reportes mensuales en Cancún, atendidos por el Grupo Especializado en Atención a Violencia Intrafamiliar. El número de emergencia 911 recibe entre 10 y 14 llamadas diarias por este delito.

Aunque parezca increíble, por primera vez la Fiscalía General del Estado emitió medidas de protección a favor de una víctima. Esto, en el contexto de una posible Alerta de Género para Quintana Roo y de movimientos sociales que condenan, como nunca, las agresiones contra las mujeres.

Es momento de encarar los males progresivos de la ciudad y del estado, cueste lo que cueste. Aceptar las críticas y corregir no debe ser visto como debilidad; por el contrario, es señal inequívoca de fortaleza.

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